¿Y qué?

Ruthpor Ruth Rosen

El artículo de David Brickner me enfrenta a un desafío continuo: las personas van a ofenderse con ciertas cosas que de verdad deben decirse.

Él nos dio nuestro video Ese judío murió por ti como ejemplo de un mensaje que algunos encuentran terriblemente ofensivo pero otros lo hallan muy positivo, o desafiante de una manera buena. Un amigo y partidario de nuestro ministerio se preguntaba si nuestro video era lo suficientemente efectivo como para que se justificara ofender a muchos sólo por el bien de aquéllos que respondieron de manera positiva. Yo lo entendí como un: “¿Era necesario?”. Así es como yo lo veo, y pongan atención, porque les prometo que llegaremos a cómo todo esto puede relacionarse con ustedes.

La ya inconcebible catástrofe del Holocausto se ha compuesto por un mal incluso mayor, a partir de la percepción de que Jesús y sus enseñanzas estaban detrás del odio y el terror. Si por casualidad existiera alguna posibilidad de que en el Infierno se pudiera tener un placer retorcido, estoy seguro de que Hitler “disfruta” saber que sus atrocidades ayudaron a evitar que muchos judíos escucharan y que muchos cristianos contaran el Evangelio. Para mí, el mensaje oculto de nuestro video es: “No dejen que los nazis decidan por ustedes acerca de Jesús. No les den ese poder. Si no conocen a Jesús, miren quién es Él y decidan desde ahí. Si lo conocen, no dejen que los nazis eviten que les cuenten a los judíos o a cualquier otro acerca de Él. Por lo tanto -hablando por mí mismo- la verdad sobre ese mensaje es que vale la pena ese riesgo de ofender.

De manera similar, el hecho de que Avi se haya negado a sentir miedo frente al joven nazi con su fructífera conversación con el señor judío justo después de eso, me parece toda una metáfora. Digo que es una metáfora porque efectivamente, en ocasiones hemos sido literalmente amenazados por neonazis e incluso peor, nos ha denunciado nuestra propia gente que de verdad ve a nuestros esfuerzos evangélicos como un completo intento de destruir a nuestro pueblo judío. ¿Debe esto afectarnos o desanimarnos? ¿Haría alguna diferencia si le diéramos lugar al miedo de que nos comparen con los nazis en lugar del miedo de que nos golpeen los nazis? En cualquier caso, darle lugar significa abandonar la conversación con el judío que se halla en la búsqueda.

Entonces, ¿qué tiene que ver todo esto con ustedes? ¿No tienes esos momentos en los que sabes que el Señor quiere que hables por Él, pero tú te detienes porque sabes que… alguien se ofenderá? ¿O esos momentos en los que sufres al saber que si dices lo que sabes que es la verdad, se te marcará y categorizará de una forma falsa e hiriente?

Creo que todos hemos estado en esas situaciones. No estoy diciendo que tenemos que soltar cada pensamiento verdadero que se nos venga a la mente. Pero hay momentos, todos sabemos que los hay, en los que no es correcto dejar una idea falsa sin discutir. Lleva mucha oración y gran sensibilidad saber cuándo quedarse callado y cuándo hablar.

Algunas veces Dios nos dice con voz suave y tranquila: “Quiero que hables por mí ahora”. Y en otros momentos nos dice: “No te preocupes, ésta no es tu batalla”. ¿Pero cómo vamos a escuchar esa voz suave y tranquila si estamos sintonizados de modo tan intenso con aquéllos que se sienten ofendidos?

¿Podemos ser compasivos con las personas sin permitir que sus ofensas nos controlen? ¿Podemos escuchar las preocupaciones de los otros sin sentirnos obligados? ¿Podemos preocuparnos de verdad por los demás sin darles el poder de decirnos cuándo hablar o cuándo quedarnos callados? A través de Jesús y el poder de su espíritu, ¡Sí podemos!

 

Ruth Rosen, editora

 

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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