¿Y Entonces Qué?

Ash1¿Te has despertado alguna vez con el corazón palpitando en tus oídos porque acabas de tener uno de “esos” sueños? Me sucede más a menudo de lo que desearía admitir. Por ejemplo, sueño que alguien dejó la puerta abierta del patio y el perro se escapó. Y yo voy corriendo por algún lugar desconocido gritando su nombre, desesperado por atraparlo, hasta que veo que un coche lo atropella, o que lo golpea un cartero, y tiene que ser sacrificado. Y al final me logro salir del sueño, y en los segundos que pasan hasta que se calman los latidos en mi cabeza, me pregunto si algún día me voy a morir de un ataque al corazón por algo que en realidad nunca sucedió.

Sueños de ansiedad. Vienen en varios grados de realismo (¿nunca has tenido ese sueño de que debes tomar un examen final de una materia a la que nunca asististe en todo el semestre? ¡Hace décadas que dejé la universidad, y todavía de vez en cuando lo sueño!) Los peores son ésos en los que un ser querido está en peligro y no se lo puede ayudar. No tienes el poder, o como escribió David en su artículo, no tienes el control.

La mejor manera que tenemos los creyentes para responder a nuestra carencia de control es recordar a Aquél que es digno de nuestra confianza total y absoluta. Él nos dijo:

“Que nada les angustie; al contrario, presenten sus deseos a Dios orando, suplicando y dando gracias. Y la paz de Dios, que supera cualquier razonamiento, guardará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús” ( Filipenses 4: 6-7 ).

¿Y qué pasa si todavía seguimos ansiosos? Cuando no hacemos lo que sabemos que deberíamos hacer, no sólo tenemos la ansiedad original, sino también la angustia de saber que no seguimos las instrucciones. Hasta que las sigamos, esa promesa de paz que sobrepasa todo entendimiento siempre estará fuera de nuestro alcance.

¿Alguna vez rezaste con ansiedad? ¿Algo así como que obedecer la mitad de ese versículo es mejor que no obedecerlo en nada? Mis oraciones ansiosas no producen esa paz que sobrepasa todo entendimiento, y mi corazón y mente permanecen sin protección. Entonces, ¿cómo se supone que debemos lograr en el estado de ánimo de   Filipenses 4: 6-7?

Los versículos ocho y nueve nos dicen:

“Por último, hermanos, tomen en cuenta todo lo que hay de verdadero, de noble, de justo, de limpio, de amable, de laudable, de virtuoso y de encomiable. Practiquen también lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con ustedes”.

Dios sabe que no podemos ignorar, que no debemos pasar por alto, las terribles cosas que suceden a nuestro alrededor. Tenemos que preguntarle qué podemos hacer para ser una bendición y no una carga en medio de circunstancias difíciles, ya sea que nos estén sucediendo a nosotros directamente o a otros, cuyo bienestar significa mucho para nosotros. Si bien tenemos que ser conscientes y responder con la oración ante tales circunstancias, los pensamientos sobre esas situaciones no deben convertirse en la morada de nuestra imaginación. No debemos pensar en ellos.

¿Cómo hacemos para cumplir lo de Filipenses 4: 8-9 ? Hay un montón de maneras. Tiene sentido comenzar pensando en Dios y en su manera de ser, como así también en lo que Él ha hecho por nosotros. Pero podemos aplicar lo mismo con la gente, incluso con aquellas personas con las que tenemos algún conflicto. Encontrar algo acerca de la actitud o las acciones de esa persona que encaje en alguna de esas categorías. Podemos echar una red aún más amplia y reflexionar sobre algunas de las cosas positivas que escuchamos en las noticias: un joven que atrapa a un francotirador, arriesgando su vida para salvar a los demás. Cuanto más filtremos nuestros pensamientos para que aquéllos en quienes nos fijamos entren en la trama de Filipenses, más fácil será tener una mentalidad de agradecimiento y no de ansiedad cuando le hacemos nuestras peticiones a Dios. Una oración ansiosa se concentrará en si Dios cumplirá o no lo que le estamos pidiendo. Una oración hecha con agradecimiento se centrará en quién es Dios, y por qué podemos confiarle a Él nuestras intenciones, más allá de lo que luego suceda.

A veces, cuando he sentido esa paz que sobrepasa todo entendimiento, tengo la sensación de que no es debido a mis propias oraciones, sino a las de otra persona. Esa es una razón por la cual nos necesitamos el uno al otro en el cuerpo del Mesías. Pero hay otras veces en las que rezo a través de esas líneas de Filipenses 4, y la paz llena mi corazón y mi mente. Y entonces pienso: “Ah… ¿por qué esperé tanto tiempo para hacer esto?”

Me gustaría decirle adiós a la ansiedad, tanto cuando duermo como cuando estoy despierto. ¿Y tú? ¡Entonces vamos por ello!

 

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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