¿Y Entonces Qué?

Stephen Pacht

 

La historia de Stephen Pacht en Noticias de las Ramas me hizo pensar acerca de lo que significa ser neutral. No me refiero a ser neutral como el color beige. Estoy hablando de esa neutralidad que significa no tomar partido en una lucha de poder.

Entonces, ¿quién es neutral? Como se puede ver en la historia de Stephen, incluso los suizos no son “tan neutrales como Suiza”, una frase que solía escuchar con frecuencia*.

Stephen escribió sobre defender la libertad de expresión en Ginebra, donde el gobierno regula qué tipo de literatura las personas pueden entregar en público. Y a menos que las cosas hayan cambiado desde el momento en que esto fue escrito, nadie obtiene un permiso para la entrega de la material impreso “religioso” de ningún tipo. ¿Por qué? Porque un poco de literatura religiosa puede ser incendiaria, o al menos ser entregada por grupos que apoyan actos de violencia en nombre de su religión. Así que por el bien de la Justicia, o al menos por la apariencia de la misma, en lugar de negarles a algunas personas los permisos para entregar literatura sobre sus creencias, los permisos son denegados a todos. Tal vez esto parezca una decisión “neutral”, pero en realidad no lo es. En efecto, se toma de aquéllos que cometen violencia en nombre de la religión y los convierte en la excusa para negar la libertad de expresión a todos los que quieren repartir material impreso acerca de sus creencias.

¿Y entonces qué? ¿Esto tiene algún significado para aquéllos que vivimos en un lugar donde todavía tenemos libertad de expresión? Esto es lo que tomo de la historia de Stephen (además del deseo de orar por la intervención de Dios). Hay una ilusión de neutralidad detrás de la cual se esconde la gente cuando quiere evitar el conflicto. Sin embargo, no existe eso de ser verdaderamente neutrales cuando hablamos del Evangelio.

La gente puede pretender ser neutral. Si tú compartes con ellos tu fe, te podrán decir: “Eso es bueno para usted, pero yo tengo mi propia religión”. Pueden ser agradables y educados, y decir que lo que sienten es lo necesario para evitar el conflicto, pero no pueden ser neutrales.

Y cuando amamos al Señor, no podemos aferrarnos a una ilusión de neutralidad con el fin de evitar el conflicto. Y preocuparnos por los que no han sido salvados significar que tampoco queremos que ellos se aferren a esa ilusión. Después de todo, ser neutrales significa no tomar partido en una lucha de poder. Podríamos desear que no hubiera ninguna lucha, pero la Biblia nos dice que luchamos contra potestades y principados en los lugares celestiales. No estoy diciendo que deberíamos ir a meternos en el conflicto de cada una de las controversias posibles por el bien de nuestra fe. No estoy diciendo que deberíamos decirles a todos nuestros amigos no salvos que son unos delirantes. Sólo estoy diciendo que cuando se trata de la realidad de la batalla espiritual, nadie es neutral. O tomamos partido, o somos tomados. ¿Cómo vamos a hacer para permitir que esa verdad impregne nuestro caminar con Dios y nuestro deseo de que otros lo conozcan?

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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