Una Introducción a los Nombres Yehoshua/Joshua, Yeshua, Jesús y Yeshu

bible2Este documento fue originalmente presentado en la Novena Reunión del Comité Coordinador Norteamericano de la LCJE, Los Ángeles, California, 23-25 de marzo de 1992.


Mi interés sobre JESÚS -es decir, sobre el nombre de Jesús- se remonta a 1976-78, cuando yo vivía en Jerusalén.

1. Durante esos años en que yo era un pastor danés en Jerusalén, intenté leer investigaciones judías modernas sobre Jesús. Mi atención fue capturada por varios epítetos despectivos utilizados en diversos contextos judíos, ya sea en relación al nombre de Jesús o como un sustituto para él. Esto, en combinación con mi interés en la cristología del Nuevo Testamento, me hizo dirigir mi atención hacia el nombre de Jesús en un contexto judío y hebreo.

2. En las conversaciones y sermones en Ivrit, había que hacer una elección entre Yeshu y Yeshua. Me había acostumbrado a la forma anterior a lo largo de los estudios del Ulpan y las conferencias en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Conocí la última forma en las congregaciones cristianas de habla Ivrit.

3. Una experiencia en el Muro Occidental en Jerusalén, en otoño de 1976, despertó mi curiosidad acerca del problema. Allí fui testigo de un episodio con un hombre con acento americano y vestido como un Juan el Bautista, en una acalorada discusión acerca de Jesús con algunos judíos ortodoxos. Esta persona no sólo tenía la capacidad de escupir, sino que también la puso en práctica, cuando dijo en inglés "Jesús". No obstante, defendía de manera enérgica a Yeshua. Por desgracia, desde mi posición al margen del debate público, me era imposible distinguir lo que esta persona pensaba de este Yeshua, salvo que subrayó de manera categórica la diferencia entre las formas del nombre en inglés y en hebreo.

4. Aunque las investigaciones preliminares con académicos judíos competentes acerca de la relación en Ivrit entre Yeshu y Yeshua no me animaron a continuar con el asunto, se había despertado mi sospecha de que al menos había un problema. Pero no me pareció que fuera muy satisfactoria la respuesta de ellos: “Los judíos dicen Yeshu, los cristianos que hablan ivrit dicen Yeshua, Zehu! ¡Eso es todo!” Una conversación en otoño de 1977 con el profesor sueco Gösta Lindeskog en Jerusalén, me dio el pie decisivo para trabajar con la pregunta.

Y eso fue lo que hice. El resultado fue una disertación doctoral en danés titulada Studier i navnet Jesus [Estudios sobre el nombre de Jesús], Aarhus, 1982. Cuatro secciones tratan las siguientes temáticas:

I. El nombre de Jesús en un contexto moderno israelí

II. El nombre de Jesús en la nomenclatura judía y cristiana

III. Formas del nombre en hebreo que se aplican a Jesús de Nazaret

IV. El trabajo de Mateo con el nombre de Jesús

En este artículo comenzaré esbozando las formas del nombre de Jesús de Nazaret que son relevantes en un contexto de habla Ivrit en la Israel de hoy. Luego, resolveré la pregunta: ¿Cuál fue el nombre en hebreo de Jesús de Nazaret? Finalmente, describiré el cambio de Yeshua a Yeshu, y ya he revelado que en mi opinión, Jesús de Nazaret era llamado Yeshua.

Pero antes de eso, algunas observaciones teóricas sobre los nombres y nuestra actitud ante ellos.

I. ¿Qué es un nombre?

Los onomásticos modernos advierten acerca de un diletante abordaje del tema que sólo se centra en el significado de un nombre y su etimología. El significado de un nombre está condicionado por una serie de factores históricos, religiosos, culturales, sociológicos, políticos y sociales, y las costumbres en relación a los nombres del entorno en cuestión. Esto se aplica tanto al motivo de los nombres que sea asignan como también a la respuesta de la comunidad cercana ante ese nombre. Añádase a ello una serie de factores emocionales, psicológicos, estéticos, colectivos e individuales, y las tradiciones locales para asignar nombres.

Debemos asumir que básicamente los mismos factores estaban en vigencia en un entorno judío, en los primeros siglos de nuestra era. Mientras la etimología juega en un contexto moderno un rol muy secundario, no puede haber ninguna duda de que resultaba mucho más importante en aquel entorno judío de los principios de nuestra era. Los rabinos tienen mucho para decir acerca de esto. Sin embargo, los abordajes etimológicos deben ser complementados por otros enfoques.

La historia de los portadores del nombre es uno de ellos. La respuesta a un cierto nombre en particular está definitivamente determinada por la historia del portador del nombre. ¡En mayo de 1945, a ningún niño se le dio el nombre de Adolf! En el caso de Jesús, podemos asumir que la relación de sus discípulos con él, tuvo influencia en sus relaciones con ese nombre. Sé que es difícil argumentar cuando hablamos de emociones, pero no hay ninguna razón para pensar que los miembros de la primera iglesia eran más toscos que los demás. Es difícil imaginar que el nombre de Jesús haya resultado un nombre neutro para aquéllos que venían a la fe en Él considerándolo el Señor resucitado.

También el contexto juega un rol importante. Por ejemplo, si es posible encontrar en el Nuevo Testamento campos semánticos y construcciones en las que aparece el nombre de Jesús en una posición la cual, según el patrón lingüístico del Antiguo Testamento, está reservada a JHWH, es posible entender el valor teológico del nombre de Jesús, las insinuaciones cristológicas que están asociados con él en el Nuevo Testamento y las connotaciones en las mentes de los cristianos del primer siglo.

No tenemos tiempo para abordar esta cuestión en este artículo. En lugar de volvernos al inicio de la historia, primero nos enfocaremos en el nombre de Jesús en un contexto israelí de hoy.

II. ¿Cómo se lo llama en la actualidad en Ivrit a Jesús de Nazaret?

La respuesta a esa pregunta depende de quién la pregunte. Esto sugiere que puede haber un problema y que ese nombre tiene actualmente más de una forma. Esto es ante todo un problema para los judíos no mesiánicos. La mayoría de los judíos mesiánicos utilizan la forma Yeshua, y si bien hay entre ellos algunos que usan la forma Yeshu, son las excepciones que confirman la regla.

Si uno toma el abordaje lexicográfico y consulta diccionarios de fácil acceso, la tendencia es la siguiente: si uno toma a Jesús en un idioma de la diáspora, la respuesta es: Yeshu. Si uno elije el abordaje opuesto, por ejemplo del ivrit al lenguaje de la diáspora, algunos diccionarios refieren al lector de Yeshua a Yeshu, otros de Yeshu a Yeshua. En el apéndice a Milon Hadash (bajo el título “Los nombres y sus significados", Jerusalén, 1958, p. 182), A. Even-Shosan escribe: “Yeshua, eso es Yeshu HaNotzri…" Luego le sigue una explicación del nombre de los seguidores de Jesús, que se escribe con una Ayin: Yeshuai’im.

Cuando se trata de libros escolares, la respuesta depende de si uno se aviene al artículo de Pinchas Lapide titulado "Jesús en los libros escolares de Israel" (en Jornal de Estudios Ecuménicos, 1973, pp. 515-531), o si uno examina los libros escolares por sí mimos. Lapide dice (pp. 516-517):

Siete libros llaman al Nazareno "Jeshu", que es correcto tanto histórica como filológicamente, y también corresponde al uso contemporáneo en Israel para el nombre de Jesús Nazareno. El efecto es "asociar" a Jesús con el judaísmo y colocarlo al borde del mismo. Sólo tres libros lo llaman "Jeshua", que no sólo se corresponde con el actual nombre bíblico de "Josuá", sino que también es tan correcto como equivalente a "Jehoshuá", un nombre popular en la Israel hoy.

Un primer examen del material no da el resultado de 7 a 3 que Lapide mantiene, sino que da 10 a 0, para Yeshu. La forma Yeshua está mencionada en cinco libros, pero en uno de ellos es usada de modo general bajo la forma Yeshu. No está claro lo que quiere decir Lapide cuando señala que es “tanto histórica como filológicamente correcta”. En la práctica, la forma Yeshu domina los libros escolares, aún si está mencionado de que hay otra forma, Yeshua.

Yeshu no se escribe con signos de abreviación: no se considera como la palabra “Roshei Tevot”, donde las tres consonantes se suponen que componen la fórmula: Yimmach Shemo Wezikro, es decir, “Que su nombre y su memoria sean borrados”, un conocido insulto por ejemplo de la llamada literatura de Toledoth Yeshu. Esta forma de escribir (con signos de abreviatura) todavía se puede encontrar en algún diario ultra ortodoxo, pero no en todos. En términos generales, ese insulto no es conocido en Israel y no aparece en los libros. La forma Yeshu no es en sí misma negativa. De acuerdo a las estadísticas israelíes en materia de nombres, las cuales consulté en 1979, nadie llevaba el nombre de Yeshu, algo que era difícil de esperar, ¡pero 29 personas se llamaban Yeshua!

Se puede notar que en las citas del Nuevo Testamento, tanto de la traducción de Delitzsch como de las traducciones que se basan en ellas, los materiales de libros de textos poseen ejemplos de Yeshua siendo reemplazado por Yeshu.

Lo mismo suele suceder con el trabajo de David Flusser en ivrit, cuando cita desde el Nuevo Testamento, pese a que la forma Yeshua no aparece. La diferencia parece no prevista. Pero no cambia el hecho de que Yeshu sea la forma preferida en el trabajo de Flusser en ivrit. Cuando Flusser escribe en una lengua de la diáspora –o cuando se la traduce a ella- esa forma de lenguaje de Jesús es por supuesto utilizada. En su Jesus in Selbstzeugnissen und Bilddokumenten (Reinbeck bei Hamburg, 1968, pp. 13-14) Flusser dice sobre el nombre que Jesús es una forma griega común para el nombre Joshua, que en el tiempo de Jesús, el nombre se pronunciaba Yeshua y que con frecuencia se encuentra a Jesús de Nazaret nombrado en la antigua literatura judía. Allí él también es llamado con frecuencia Yeshu. Casi con toda seguridad, ésa era la pronunciación en Galilea. Volveré sobre esto más adelante. La traducción al inglés de Ronald Walls (Jesús, Nueva York, 1969, p. 13) tiene una flagrante equivocación. La oración "Allí [es decir, en la antigua literatura judía] el también es frecuentemente llamado Yeshu", ha desaparecido. Por tal motivo, la traducción de Ronald Walls ¡dice que Yeshua era la pronunciación galilea! Lo cual es un sinsentido. Y no es lo que escribió Flusser.

Cuando Joseph Klausner escribió en hebreo, también usó la forma Yeshu. Teniendo en cuenta la influencia del libro de Klausner llamado HaNotzri (1922, Ramat Gan 1969), no pienso que sea descabellado sostener que si Klausner se hubiera atrevido a restaurar la forma de Yeshua –algo que no hizo-, hoy en día la forma Yeshu sólo sería utilizada por los ultraortodoxos.

No es una afirmación infundada. Se basa en lo que hizo con el nombre una persona que no era ningún aficionado en este campo. En su prolegómena a Thesaurus Totius Hebraitatis (Jerusalén, 1940, pp. 215-216), Elieser Ben-Yehuda, el padre del Ivrit, se ocupa del nombre de Jesús. Aquí, el nombre de Jesús es mencionado de forma explícita en al menos 8 ocasiones, y en cada ocasión se usa la forma Yeshua.

Entonces, en términos generales, Yeshu –la históricamente incorrecta forma de llamar a Jesús impuesta por Klausner, el historiador y teólogo- doblegó a Yeshua, la forma correcta para Jesús, sostenida por Ben-Yehuda, el lingüista.

Cuando digo esto, quiero hacer hincapié en que estoy hablando en términos generales. Con los nombres siempre hay excepciones. Lo que estoy diciendo es que en términos generales, la forma Yeshu es la que actualmente se usa en ivrit. Y eso nos lleva a otra observación, en el sentido de que la llamada "Heimholung" judía de Jesús, la reivindicación de Jesús, el intento científico de devolver a Jesús al pueblo judío, no incluye por lo general una recuperación del nombre de Yeshua. Pero como ya se ha mencionado, hay excepciones en las cuales los académicos judíos que escriben ivrit usan la forma Yeshua.

Dejemos a los historiadores y a los teólogos por un momento. Sin entrar en detalles, nos es posible demostrar que diversos novelistas judíos utilizan diferentes formas: YehoshuáYeshúYeshuá, para indicar la actitud de sus personajes hacia Jesús de Nazaret. Es por ejemplo el caso de los siguientes novelistas, todos los cuales escriben en idiomas de la diáspora: Franz Werfel (Paulus unter den Juden, Berlín, Wien, Leipzig, 1929), Max Brod (Der Meister, Gütersloh, 1952), y Louis de Wohl (Longinus der Zeuge, Olten und Freiburg im Breisgau, 1978).

Entre los que escriben en ivrit, algunos utilizan Yeshú (como A Hameiri, Ch. Hasas, J. Mosinson), y otros usan Yeshuá (como N. Bistritzki). En El Nazareno, de Scholem Asch, tanto en el original en ídish como en la traducción hebrea (hecha por David Zion, Jerusalén, 1953), se utiliza la forma YeshuáYeshú no aparece. Sin embargo, en las reflexiones introductorias de Asch se utiliza otra forma: "Si usted insiste en conocer el nombre, lo pronunciaré: Yeshuá de Nazaret, aquél que es llamado Jesucristo" [transcripto en ivrit, Yezus Kristos, p. 25). En las traducciones a otras lenguas, se mantiene la forma hebreizada de Yeshuá. Se puede notar que la refutación de Chaim Lieberman al libro de Asch utiliza Jesús en el original en inglés (El Cristianismo de Sholem Asch, Nueva York, 1953), mientras que la traducción hebrea (Natzruto Shel Salom Asch, Tel-Aviv, 1954) usa Yeshú. En una cita del Nuevo Testamento, textualmente después de la traducción de Delitzsch, Yeshuá ha sido reemplazado por Yeshú. Técnicamente, esto no difiere de lo que, por ejemplo, hace a veces David Flusser y lo que sucede en los libros de texto. Pero como la respuesta de uno ante un nombre depende en gran medida del contexto de ese nombre, debemos considerarlo cuando nos proponemos evaluar el cambio de Yeshuá a Yeshú.

Sin embargo, ya se estaría llegando a conclusiones si simplemente dijéramos que cuanta más polémica hay en el texto, mayores son los esfuerzos para ocultar el hecho de que el nombre original en hebreo de Jesús era Yeshuá. Se puede encontrar un ejemplo de esto en Habrit, de Jakob Zurischadaj (Jerusalén, 1970), de la tradicional literatura judía refutatoria. El procedimiento descrito en este libro es el primero en presentar una cita del Nuevo Testamento y luego refutarla. En las citas del Nuevo Testamento, la forma Yeshuá aparece en unas 50 ocasiones, y sólo aparece una vez la forma Yeshú, lo que puede haber sido un lapsus. El propio Zurischadaj utiliza Yeshú. El lenguaje figurado en Mateo 1:21 y en Éxodo 23:13 está presentado de modo correcto: Yeshuá … yoshiá [Jesús salvará…]. El libro de M. Bazes llamado Jesús, el judío – El Jesús histórico. La verdadera historia de Jesús (Jerusalén, 1976), escrito en inglés, también pertenece al grupo de las refutaciones. Él admite que el nombre histórico de Jesús fue “Yeshuá”. Pero la “deificación de Jesús" por parte de la cristiandad (p. 46), tuvo influencia en la relación de los judíos con el nombre de Jesús. Bazes escribe (pág. 47): "No es llamativo que los judíos consideraran que la creencia de los cristianos fuera una simple idolatría, y se sintieron obligados a aplicar con el nombre de Jesús la ley presente en Mateo 1:21, Éxodo 23:13: "No hagas mención al nombre de otros dioses”. Naturalmente, el nombre de uno de los mejores y más sinceros maestros judíos tenía que ser rechazado".

Esto junto a otras circunstancias, me llevan a la afirmación de que hoy en día, y hacia atrás a través de los siglos, la literatura judía de refutación ha ayudado a preservar, entre los judíos, la memoria de que el Salvador del Cristianismo era llamado Yeshuá. Mientras la literatura polémica utilizó primeramente la forma Yeshú, ha habido en todo momento una percepción de que éste no era el nombre original hebreo de Jesús. Maimónides parece haber usado la forma Yeshuá en diversos escritos, como en su "Epístola a Yemen", aún si la tradición del texto también posee la forma Yeshú, que debe ser tenida por la forma secundaria (cp. A.S. Halkin (ed.), Epístola a Yemen de Moses Maimónides' , Nueva York, 1952, p. 12). Las utoridades judías posteriores se refieren específicamente a Maimónides y sostienen que el nombre original de Jesús era Yeshuá, y no obstante luego explican por qué no lo utilizan. Aún con las reservas que uno pudiera tener hacia el libro Entdecktes Judenthum, de J.A. Eisenmenger (Königsberg, 1711) de comienzos del siglo XVIII, no se puede negar que allí presenta un buen resumen de las razones por las cuales los judíos no usan Yeshuá, y en lugar de ello han cortado la letra Ayin para llamarlo Yeshú. Al decir “bueno”, naturalmente no quiero decir que todos los judíos siempre y en todo lugar hayan calumniado el nombre de Jesús usando la forma Yeshú.  Por “bueno” quiero decir que en diferentes fuentes judías hay pruebas de lo que Eisenmenger menciona, (Vol. I,pp. 64-67). Él aduce cinco explicaciones, que pueden resumirse de esta manera:

1.     Los judíos no reconocen que Jesús es Moshiá; por lo tanto no dicen Yeshuá sino Yeshú.

2.     Jesús no fue capaz de salvarse a sí mismo; por lo tanto la Ayin es quitada.

3.     Los judíos no se permiten adorar falsos dioses; tienen la obligación de cambiar y difamar sus nombres.

4.     En una referencia del Ex 23:13, los judíos tienen prohibido mencionar los nombres de otros dioses.

5.     En una referencia de la literatura Toledoth Yeshu, Yeshú es interpretado como Yimmach Shemo Wezikro. La pronunciación Yi en lugar de la esperada Ye(shú) es establecida para clarificar la conexión con "Yimmach".

Si otra vez nos volvemos a Israel y observamos las formas del nombre en los periódicos, veremos que Yeshú es la más usada, pero Yeshuá no aparece. En varias ocasiones, los judíos mesiánicos son señalados por haber utilizado la forma Yeshú, pero eso debe ser tomado con cierta reserva. En artículos escritos por cristianos en ivrit, hay unos pocos ejemplos de Yeshú. En partes de la prensa ortodoxa, se utiliza Yeshú sin signos de abreviación. La organización “Judíos para Jesús" es normalmente mencionada como "Yehudim Lema'an Yeshú". En la TV, Yeshú es más usado, pero Yeshuá no aparece. En los programas de conciertos de clásicos cristianos, aparece la misma alteración entre Yeshú y Yeshuá; en ocasiones se pueden encontrar ambas formas en el mismo programa. Y si resulta que el nombre del conductor es Jesús López-Cobos, su nombre no es transcripto con Yehoshuá, ni Yeshuá ni Yeshú, sino con la “ch” como letra inicial: Chesus, lo cual le da el fonema correcto en español. Existe gran cantidad de ejemplos.

Los repasemos: a forma Yeshú en lugar de Yeshuá tiene en la actualidad mayor preeminencia en Israel. Para los no especialistas, como ser los israelíes de la calle, Yeshú es el nombre del fundador del Cristianismo. La mayoría no conoce la fórmula de imprecación Yimmach Shemo Wezikro. De diversas maneras, se mantiene viva la percepción de que Jesús de Nazaret tiene otro nombre diferente a Yeshú. Y también que hay una moderna literatura de refutación del hebreo. La mejor manera de describir la respuesta de uno al nombre, es que se trata de una negación: es la ausencia de los tonos potencialmente positivos de la forma Yeshuá. La respuesta al nombre –sea Yeshú o Yeshuá- es determinada por el contexto en el que aparece. Si el contexto es negativo, es decir, si lo que se dice sobre la persona de Jesús es negativo, bien podrá influir en la reacción de uno ante el nombre. No obstante, si el contexto es positivo, también puede influir en la reacción ante el nombre.

Como afirmé antes, me parece notable que la sección de la investigación israelí que intenta recuperar a Jesús como propio no ha reclamado el nombre hebreo de Jesús, que es Yeshuá. A este respecto, generalmente siguen la tradición judía y utilizan la forma Yehsú. Cuando digo que es notorio, quiero decir que es posible determinar cuál era el nombre en hebreo de Jesús en el primer siglo. Eso requiere de algunas explicaciones.

III. Jehoshuá/Joshuá — Yeshuá — Yeshú

Déjeme darle un breve resumen de la relación entre las formas Yehoshuá/Joshuá y Yeshuá, y luego sobre la relación entre Yeshuá y Yeshú en los siglos anteriores y posteriores al inicio de nuestra era.

1. YEHOSHUÁ/JOSHUÁ CON RESPECTO A YESHUÁ

Yehoshuá es formalmente un nombre teofórico con el tetragrámaton abreviado JHWF como primer elemento. El primer hombre que llevó ese nombre fue bin Nun, quien fue primeramente llamado Oseas. El cambio de Oseas a Yehoshuá (Núm 13:16, Gén 17:5, Gén 17:15, Neh 8:17) fue fácilmente llevado a cabo: sólo fue necesario poner el pequeño prefijo Yod. Con un simple ajuste, la letra Yod recibió lo necesario. Cuando el nombre Abram se convirtió en Abrahám (Núm 13:16, Gén 17:5, Gén 17:15, Neh 8:17) y cuando Sarai se convirtió en Sarah (Núm 13:16, Gén 17:5, Gén 17:15, Neh 8:17), la letra Yod se separó en dos He (2 x 5 = 10), en la cual la letra Yod dice ser de Dios (de acuerdo con Midr Gen R XLVII,1). Pero con el nombre Yehoshuá, la Yod logra lo necesario: "Hasta ahora estuviste en el nombre de una mujer y en la última de sus letras. Ahora te haré libre en el nombre de un hombre y al inicio de sus letras". La historia es agradable y nos da un ejemplo del trabajo de los rabinos con gran interés por los nombres. Aparte de bin Nun, en la tradición bíblica aparecen otros que llevaron el nombre de Yehoshuá, entre ellos el hijo de Josadac, quien junto a Zorobabel, regresó a Palestina desde Babilonia. Ambas son figuras positivas en la tradición bíblica, y por lo tanto sus nombres también son "buenos". Estos dos Yehoshuá (que en castellano se convierte en Josué) son mencionados con la forma extensa del nombre Yehoshuá por parte de los profetas Hageo y Zacarías, mientras Esras y Nehemías utilizan la forma abreviada, es decir Yeshuá, y lo que resulta más notorio es que en Núm 13:16, Gén 17:5, Gén 17:15, Neh 8:17 la forma abreviada Yeshuá es usada en relación a bin Nun, lo cual es clara evidencia de que la forma extensa Yehoshuá está siendo reemplazada por su abreviación Yeshuá. En los tiempos venideros este breve formulario pasó a ser dominante.

En mi opinión, tenemos razones para considerar que en los tiempos del Nuevo Testamento, la forma abreviada Yeshuá reemplazó a la extensa Yehoshuá. No me atrevo a afirmar que la forma larga no haya estado en uso como nombre personal en los tiempos del Nuevo Testamento. Con los nombres, nunca digas nunca. Lo que sí es seguro afirmar es que las inscripciones y descubrimientos de osarios en Palestina demuestran que la forma Yeshuá era un nombre propio bastante común, y que además corresponde al griego "Ieosous". Filo está familiarizado con el significado fáctico de la forma griega, a la cual deriva en "soteria kyriou" (la salvación del señor). En Josefo se usa esta forma griega sobre bin Nun y también sobre unas 20 personas desde el final de la época del Segundo Templo. No he logrado identificar una inscripción de los tiempos del Nuevo Testamento que contenga la forma extensa Yehoshuá.

Por supuesto que el nombre Yehoshuá no ha sido olvidado por aquéllos que estaban familiarizados con las escrituras bíblicas. Pero en esta conexión también debería ser mencionado que los manuscritos del Mar Muerto poseen ejemplos del nombre de bin Nun derivado como Yeshuá (ej. Testimonio 4QT 21). Si pasamos al tiempo de Bar Kojba, el material de correspondencia redescubierto demuestra que varios de los principales seguidores de Bar Kojba llevaban el nombre de Yeshuá. Uno de los nombres menos conocidos es Yeshuá ben Yeshuá ( Y. Yadin, Bar Kojba. El redescubrimiento del héroe legendario…, Jerusalén, 1971, pp. 270-271; 222-253).

Reunidas todas juntas, nuestras evidencias indican claramente que el nombre de Jesús de Nazaret era Yeshuá y no Yehoshuá. El nombre tenía una Ayin al final. Además, es válido tener en cuenta que durante los primeros 100 años posteriores a Yeshuá de Nazaret no es posible demostrar ningún cambio significativo en la nomenclatura judía en relación al uso de Yeshuá y su correspondiente Iesous griego. Más tarde, después de la mitad del siglo II d.C., ocurrió un cambio que provocó un retorno a la forma larga Yehoshuá, pero eso es un asunto que no vale la pena abordar aquí. Pero el regreso a la situación en la cual los judíos comenzaron a volver a usar la forma extensa Yehoshuá tal vez pueda ser explicado por el hecho de que el Salvador de la Cristiandad se llamaba Yeshuá, hasta por otros factores que pueden haber sido relevantes. Si no estoy equivocado en mis suposiciones, lo que sigue es preguntarse si aquellas personas mencionadas en el Mishnah y el Talmud cuyos nombres se escriben Yehoshuá y que vivieron antes del tiempo de Bar Kojba, realmente eran llamadas así por sus contemporáneos, o bien si no es más probable que sus nombres hayan sido Yeshuá.

2. YESHUÁ CON RESPECTO A YESHú

En una inscripción publicada por E.L. Sukenik en 1931, se puede encontrar una posibilidad muy hipotética de que la forma Yeshú haya existido como un nombre personal en el primer siglo (ver Jüdische Gräber Jerusalems um Christi Geburt, Jerusalén, 1931, p. 19). La desaparición de la Ayin puede explicarse por una falta de espacio, una hipótesis mencionada por Sukenik, aunque también dice que tal vez esto es un ejemplo de la forma abreviada, que se halla de otra manera en la literatura talmúdica. Acorde con este incierto Yeshú aparece el nombre Yeshuá– con una Ayin. Fragmentos de Jerushalmi de la Genizá (ed. L. Ginzberg, Nueva York, 1909) mencionan unos pocos ejemplos de la desaparición final de la Ayin, al referirse a un "Rabino Yeshu, el sureño". E.Y. Kutscher (Estudios sobre el Arameo de Galilea, Jerusalén, 1976, pp. 80-81) intenta explicar que esto fue un debilitamiento lingüístico de la Ayin. Pero luego resulta interesante que la forma Yehoshuá con la Ayin se puede encontrar en el mismo contexto.

Se han ofrecido diversas explicaciones para entender por qué Jesús es llamado Yeshú en la tradición rabínica. De paso se puede mencionar que Yeshú no es la única forma: Tosefta Hullin 2,22.24, por ejemplo, tiene Yeshuá. También D. Rokeah considera que la versión original de B Sanh 43a decía Yeshuá, para lo cual se basa en el hecho de que Ms Temani tenía Yeshuá (en Tarbiz, 1969-70, p. 11).

Algo característico en la mayoría de las respuestas moderas que se plantean para explicar la evolución de Yeshuá a Yeshú es que son de naturaleza filológica. S. Krauss dice en diversos pasajes que Yeshú en lugar de Yeshuá es un ejemplo de la evolución más natural de la palabra (Das Leben Jesu nach Jüdischen Quellen, Berlín, 1902, p. 250). Por lo general se menciona la evolución de Josef a José.

Sin embargo, en el trabajo de J.Z. Lauterbach titulado Jesús en el Talmud (en Ensayos rabínicos, Cincinnati, 1951, pp. 473-570), hay algunos matices en el significado. No se compromete con el tema, pero sus comentarios sobre el mismo son valiosos. En un comentario sobre Baraita Sanh. 107B (p. 482) dice:

El nombre Yeshú con el cual es Jesús mencionado aquí, probablemente sea sólo una forma abreviada del nombre Yeshuá (el signo de abreviación arriba es un añadido posterior). Pero dado que tal forma abreviada del nombre no es utilizada con ninguna otra persona llamada Yeshuá o Yehoshuá, aunque es usada de manera persistente y sistemática cuando el nombre alude a Jesús, se puede suponer que este acortamiento del nombre haya sido probablemente una mutilación intencional que le cortó una parte. Los rabinos mencionan otros ejemplos de los nombres de personas que han sido abreviados por sus malas conductas, pero aquí en el caso del nombre de Jeshuá deben haber habido razones especiales para abreviarlo en el nombre Jeshú.

En lugar de desplegar una investigación de las diferentes hipótesis que han sido presentadas, voy a restringirme a mencionar las hipótesis que me resultan más adecuadas como explicación de la evolución del nombre de Yeshuá a Yeshú. Está conectado con el nombre de David Flusser, pero A. Neubauer ("Polémica judía y el 'Pugio Fidei'", en The Expositor, núm. 7, 1888, p. 24) sostiene la misma idea cuando dice que la forma de escritura de Yeshú en el Talmud y en los primeros escritos rabínicos se halla de acuerdo con su pronunciación, en la cual no se pronunciaba la Ayin gutural. Hugh J. Schonfield está en una posición similar cuando dice que Yeshú es en realidad la contracción norpalestina del hebreo Yeshuá, en el cual la letra Ayin no tenía sonido. J. Jeremias (Neutestamentliche Theologie, Gütersloh, 1973, vol. I, p. 13) se halla entre aquéllos que entienden que Yeshú es la pronunciación galilea de Yeshuá. Ésta es la explicación que se halla en el libro de Jesús de Flusser (traducción, p. 13). En Recursos Judíos en la Primera Cristiandad (Tel-Aviv, 1989, p. 15) escribe lo siguiente:

El nombre hebreo de Jesús, Yeshú, es evidencia de la pronunciación Galilea de la época y de ninguna manera es abusivo. Jesús era galileo, y por lo tanto la a al final de su nombre –Yeshuá- no se pronunciaba. Su nombre completo era entonces Yeshuá. En las fuentes talmúdicas, que son de una época posterior, hay referencias a un rabino Yeshú, que no debe ser confundido con Jesús.

La hipótesis de Flusser es que la Ayin final no se pronunciaba en Galilea. En Estudios del Arameo de Galilea (pp. 67-70; 80; 89-96) E.Y. Kutscher pone la atención sobre el hecho de que en muchos lugares de Galilea y en el resto de Palestina, los judíos podían pronunciar los sonidos guturales, pese a que los mismos no eran pronunciados en algunos lugares como Haifa, Beisán Tibon. Por lo tanto, puede que Flusser tenga razón, pero su hipótesis no se interpreta como la cuestión más evidente en el mundo. Pero Flusser no plantea esta cuestión en un contexto más amplio, por ejemplo las interpretaciones cristianas del nombre de Jesús y las especulaciones sobre el mismo. Tales interpretaciones y especulaciones aparecen tan tempranamente como en la epístola de Bernabé, y hay muchos casos de esas interpretaciones en los escritos de los teólogos de la iglesia. Aquí no puedo abordar esta cuestión, pero es muy relevante. La forma Yeshú puede ser una reacción a tales especulaciones.

Flusser no formula comentarios sobre la relación entre la pronunciación y la fijación escrita. En mi opinión, ésta es la mayor debilidad de esta hipótesis. Independientemente de que era lo que se pronunciaba, se puede suponer que lo que no se pronuncia continúa, sin embargo, escribiéndose, al menos en la fase inicial. Súmese a esta observación el hecho de que los nombres Yeshuá y Yehoshuá eran efectivamente escritos con la Ayin al final en las fuentes contemporáneas, cuando los nombres hacían referencia a cualquier persona menos a Jesús, lo cual hace crujir la hipótesis de Flusser.

Mi propia hipótesis no está más allá de la crítica. El tema es demasiado complejo para ello y nos faltan algunos datos históricos antes de que podamos llegar a una conclusión certera.

Por supuesto que no me imagino que los rabinos deberían haber dictado la forma de escribir el nombre de Jesús de Nazaret. No porque los rabinos no hayan estado interesados en Jesús, sino porque actuaron otros mecanismos. Tampoco creo que ya se haya producido un cambio en la forma de escritura durante la época del Nuevo Testamento. En cualquier caso, no existen fuentes para apoyar una suposición de este tipo. No obstante, no es imposible que el comienzo de la modificación del nombre, que no fue efectuada por escrito hasta mucho después, ya haya estado presente en la época del Nuevo Testamento. Esto significa que tendremos que tener en cuenta un proceso bastante largo.

En la primera fase oral de este proceso, considero que algunos hayan mirado con desdén el nombre de Yeshuá. Tal desprecio es en sí mismo un fenómeno común que no puede ser ignorado, aunque resulta difícil de demostrar en base a material escrito. Este desdén nunca quedó registrado por escrito. Puede que ya haya estado vigente en los tiempos de Jesús y puede que realmente se haya acelerado con el énfasis que pusieron los cristianos sobre el significado del nombre de Jesús. Y aún más: es posible que algunos galileos seguidores de Jesús no hayan pronunciado el nombre Yeshuá con la a, por ejemplo la pronunciaron Yeshú, pese a que la escribían con la Ayin. Cuando los líderes religiosos que no creían en Jesús se burlaban de su nombre, es natural imaginar que hayan usado exactamente esta forma. Mediante el uso de una pronunciación dialectal como Yeshú y gracias a un discreto dispositivo psicológico, los líderes religiosos y otros que no tenían dificultades con los sonidos guturales pudieron lograr tomar distancia del pretendido Mesías Galileo: Yeshú, sólo un hombre de Galilea.

Al mismo tiempo, al usar Yeshú fue posible imprimirle ciertas connotaciones soteriológicas de la forma YeshuáMateo 1:21 es una evidencia de que existían tales connotaciones. Es una hipótesis generalmente aceptada que de modo subyacente en el texto griego existe un juego de palabras hebreas que no aparecen en la interpretación griega.

Es difícil determinar cuándo este supuesto desprecio de la lengua oral quedó fijado en la escritura. Si estoy en lo cierto al suponer que estamos hablando de un proceso, es muy probable que ambas ortografías -con y sin el Ayin- hayan coexistido. Como se mencionó anteriormente, Yeshuá es utilizado en Tosefta Hullin. En el Talmud, está escrito lo más a menudo posible con la forma Yeshú. Por lo tanto, doy por hecho que la fijación escrita más antigua del nombre de Jesús de Nazaret fue Yeshuá en el material rabínico, y que la forma escrita Yeshú es posterior. Más adelante, la forma Yeshú se convirtió en la dominante.

En base a éstas y otras observaciones, concluyo que en términos generales, la forma Yeshú no es un buen nombre judío y que difícilmente pueda ser considerado un nombre neutral en un contexto judío en su forma escrita. Mientras que la forma oral puede haber sido la pronunciación normal de Yeshuá en algunos pocos lugares de Galilea, la forma Yeshú no sólo padeció un cambio de valor en su forma escrita sino también en su forma oral, en caso de que -como supongo- los no-galileos se hayan burlado ante ella. Además, cuando el material Tosefta utiliza la forma Yeshuá, y cuando la mayor parte por lejos de la tradición manuscrita y las ediciones impresas de los pasajes del Talmud que contienen el nombre de Jesús, lo hacen bajo la forma Yeshú, con lo cual el lector judío atento ha sido informado -en sus propias escrituras- sobre el nombre original hebreo de Jesús. Esto puede haber influido en sus respuestas a la forma Yeshú, incluso si no ha estado acompañada por una explicación negativa como la que se encuentra en ciertas versiones de Toledoth Yeshu.

Se halla más allá del alcance de este documento analizar la literatura Toledoth Yeshu. Baste aquí para decir que en varias versiones, Jesús recibe el nombre de Yeshuá o Yehoshuá en su nacimiento. Después de que su madre lo ha declarado bastardo, los rabinos, según esta literatura, exigen un cambio de nombre a Yeshú, permítase que lo acompañe la siguiente explicación: Yimmach Shemo Wezikro. En otras palabras: incluso este género polémico preserva la memoria de Yeshuá, el nombre histórico de Jesús.

3. ¿Qué tiene que ver todo esto con evangelismo judío, si es que tiene algo que ver?

Puesto que Jesús tiene mucho que ver con evangelismo judío [sic], supongo que también lo tiene su nombre.

1. MATEO 1:21 Y LA NATURALEZA DE LA SALVACIÓN QUE TRAE JESÚS

Anteriormente me he referido en dos ocasiones a Mateo 1:21 y al juego de palabras subyacente: Yeshuá… yoshiá (Jesús salvará…) Este versículo es crucial para comprender quién es Jesús y cuál es su trabajo. Para Mateo, el nombre de Jesús sigue siendo un nombre personal, pero es un nombre personal con connotaciones soteriológicas. Por lo tanto, creo que debe incluirse en la cristología del Nuevo Testamento, aunque no es como tal un término cristológico.

Aquí sólo quiero hacer la siguiente observación: la interpretación de Mateo del nombre de Emanuel (Mateo 1:23) es filológica y etimológicamente más precisa que su interpretación del nombre de Jesús. No sólo dice: Jesús salvará, o: Yeshuá significa aquél por quien el Señor salva. Hace un agregado importante. Yeshuá salvará a su pueblo de sus pecados. Creo que la interpretación del nombre de Jesús es superior a la interpretación del de Emmanuel. Cuando Mateo no se limita a dar una interpretación filológica o etimológica del nombre Yeshuá, pero hace un agregado, esto debe ser considerado como algo importante. Con este agregado, Mateo define la naturaleza de la salvación que Jesús trae. Desde el comienzo de su Evangelio, Mateo deja en claro que así como el Señor tomó en el pasado los pecados de su pueblo y por el perdón de esos pecados creó una nueva relación entre él y la gente sobre la base de la Alianza, así Jesús volverá realidad esta nueva era. ¡Esto tiene algo que ver con el evangelismo judío!

2. COMUNICACIÓN

El deseo de tener una base histórica para lo que uno dice también tiene algo que ver con el evangelismo judío. Independientemente de lo que uno podría pensar de las hipótesis sobre la evolución de Yeshuá a Yeshú –incluida la mía- es reconfortante saber que hay argumentos muy buenos para entender que Yeshuá era el nombre hebreo de Jesús de Nazaret. No son los que usan la forma Yeshuá los que tienen un problema. Los problemas surgen cuando uno intenta describir el cambio de Yeshuá a Yeshú, no cuando se trata de determinar cuál era su nombre hebreo.

En un contexto Ivrit, la forma Yeshú es la dominante. Un creyente en Jesús que utiliza la forma Yeshuá se halla frente a una opción en la conversación con un no creyente. ¿Debe obligar a la otra persona? ¿Y en tal caso, cuánto? Estoy seguro de que hay mucho para decir sobre esta cuestión. Permítaseme unas palabras clave. No encuentro razón alguna para que el judío creyente en Jesús deba renunciar a la forma Yeshuá. Lleva consigo buenas connotaciones de salvación. Pero un análisis como el anterior le da una visión que lo priva de afirmar que el uso por parte de la otra persona de la forma Yeshú deba contener la fórmula de imprecación Yimmach Shemo Wezikro. El hecho de que los dos utilicen nombres diferentes para la misma persona, brinda al creyente judío una buena oportunidad para explicar, de forma natural, por qué se usa Yeshuá y no Yeshú. En ese sentido, resulta relativamente fácil decirle lo que es central en nuestra fe en Jesús. Tengo una experiencia personal de cómo una persona con la que hablé cambió de Yeshú a Yeshuú durante el curso de la conversación, ¡y sin que la otra persona viniera a la fe en Él! ¡Que eso sirva como un recordatorio para nosotros de que la fe es algo diferente y que sea algo más que poder decir correctamente el nombre de Jesús en hebreo!

Como todos sabemos, se ha vuelto cada vez más común entre los judíos creyentes en Jesús en un contexto de diáspora utilizar una forma hebreizada como Y'shuá o Yeshuá en la lengua de la diáspora. Existen innumerables buenas -y comprensibles- razones para haerlo. Y si los judíos creyentes en Jesús son atacados por esto, yo voy a defenderlos. Pero me gustaría añadir dos cosas. Me temo que un uso exagerado de esto y de términos similares hacia los creyentes gentiles y hacia la iglesia puede ser contraproducente, o tal vez sea visto como una anomalía lingüística. Pongo en cuestión si los judíos creyentes que usan los términos hebraizados cuando se dirigen a creyentes gentiles logran tener éxito al comunicar lo que intentan comunicar. Mi segundo agregado es que el uso de la forma Yeshuá no es ninguna garantía de que lo que se dice de Él sea bíblicamente sólido y que se entienda de modo correcto. Tengo dos ejemplos para ilustrar esto. En Jeschuah, de Morris de Jonge, der klassische jüdische Mann (Berlín, 1904), que es un poco más que una curiosidad, hay una descripción de un escritor judío que redescubre la forma judía del nombre, al cual lo escribe Jeschuah, y donde él contrasta "el hombre judío clásico" con "Kirche-Jesús" ("Jesús Iglesia"). Tras haber planteado una descripción de los puntos de vista de varias personas sobre Jesús, Morris de Jonge (p. 441), dice:

Wie heisst: Jesum? würde der Apostel Johannes disen Konfessoren zurufen; war me in geliebter Meister leschuah ein Römer, dessen Name nach der vierten Deklination dekliniert wurde: Jesus, Jesu, Jesum, Jesu? – Nein! ein Jude war err Jeschuah sein Name! Und so sicher, wie der erste Jeschuah, der kleine Jeschuah ben Nun, als Führer von seinem Volke geehrt, geliebt und geachtet wurde, und darum sein Yolk in das gelobte Land führen konnte, so sicher wird auch Jeschuah der Grosse, der Einzige, als Meister und Führer in das gelobte Land der Gotteserkenntnis anerkannt werden, wenn er als Jude seinem Volke vorgestellt wird!

¿Jesum? ¿Qué significa eso? El apóstol Juan puede haber preguntado a estos confesores. Era mi querido maestro Jeschuah, un romano cuyo nombre fue rechazado según la cuarta declinación: ¿Jesús, Jesú, Jesum, Jesu? ¡No! ¡Él era un judío! Su nombre era Jeschuah. Y tan certeramente como el primer Jeschuah, Jeschuah ben Nun, fue honrado, amado y respetado como el líder de su gente y por lo tanto fue capaz de conducir a su pueblo hacia la tierra prometida, como sin duda también Jeschuah el grande, el único, será reconocido como el maestro y el que conduce a la tierra prometida del reconocimiento de Dios, si es presentado a su pueblo como un judío.

Ciertamente, el libro de Morris de Jonge es toda una curiosidad, pero nos recuerda que la forma hebrea correcta para el nombre de nuestro Salvador no es ninguna garantía de que lo que se dice sobre su persona sea bíblicamente correcto. El otro ejemplo con el cual vamos a concluir esto ha sido tomado de un libro de Moishe Rosen (con W. Proctor: Judíos para Jesús, Bristol, 1974, p. 30). El ejemplo no es sólo una versión graciosa, sino que también muestra que el uso de Yeshuá puede conducir a inconvenientes:

La falacia de la utilización de una fórmula me llegó al inicio de mi ministerio. Entonces siempre tuve cuidado de usar sólo el idioma prescrito que me habían enseñado en una clase de evangelismo judío. Siempre me he referido al Salvador como Yeshuá Hamashiach (la traducción al hebreo) en lugar de "Jesucristo", y el himnario que usamos en nuestras reuniones estaba en Yídish, con traducciones al Inglés en las páginas opuestas. Durante un plazo de seis meses, una señora se mostraba muy cumplidora al asistir a nuestras reuniones semanales. Le encantaba cantar las canciones en yídish, pero creo que nunca leyó las traducciones al inglés. Incluso se puso de pie en la reunión y dijo cuánto amaba a Yeshuá. Entonces un día se enteró de que Yeshuá significaba Jesús, y luego nunca regresó. Pues bien, no estoy en contra de utilizar el nombre Yeshuá como parte de una técnica misionera, ¡pero la persona judía debe entender que estamos hablando acerca de Jesús!

¡Exacto! En el evangelismo judío estamos hablando de Jesús de Nazaret, el amigo y el Salvador de los pecadores. Eso es lo que significa su nombre -Yeshuá-, y ese significado puede volverse claro aún si uno utiliza JESÚS en un idioma de la diáspora. De todos modos, esto es lo que hizo Mateo.