Un Giro Inesperado en un Estudio Bíblico de Mujeres

escrito por Soshannah Weinisch, misionera en Nueva York

“¡Organicen una clase sobre la ShoshannahBiblia para mujeres!”

“Shosh, ¿cuándo vas a organizar un curso de Biblia para mujeres?”

“¿Existe algún curso para mujeres al que yo pueda asistir?” Tres mujeres habían hecho estas preguntas en un plazo de dos semanas. Pero yo no tenía prisa para responder.

Cuando recién nos mudamos a Nueva York, rápidamente empecé un curso de Biblia para mamás en nuestro apartamento. Me pareció una buena idea. Pero no pasó mucho tiempo antes de que el grupo decidiera trasladar a un parque de la ciudad sus reuniones semanales. Tres años habían pasado desde que se puso en marcha el primer grupo de estudio y desde ese fracaso. Esta vez no desearía apresurarme. Sólo quería estar segura de que estaba respondiendo al llamado de Dios.

Así que empecé a orar para iniciar este curso sobre Biblia para mujeres, y me parecía que Dios me estaba guiando en esa dirección. Decidí que finalmente invitaría a dos nuevas creyentes judías que hacía poco había conducido hacia el Señor, pero pensé: ¿Por qué no invitar a todas las judías creyentes a quienes llevo el ministerio en Manhattan, e incluso hacia algunas no creyentes?

Cuando comencé a hablar con las mujeres que yo esperaba que pudieran participar, quedó claro que el martes por la mañana sería la mejor opción para la agenda de todas. Personalmente, yo había estado asistiendo a otro estudio de la Biblia los martes por la mañana (¡un grupo de mamás!) pero como participante, no como guía. Como era una de las pocas asistentes cuyos hijos ya eran adultos, a veces tuve la oportunidad de compartir una palabra de aliento hacia las madres cansadas que amaban a Dios y que a veces no tenían tiempo para leer la Biblia o para dedicar tiempo a la oración. ¡Y además tenía que alzar a los bebés! De todos modos, dije adiós al grupo de estudio bíblico de las mamás. Estaba más que feliz de hacer ese sacrificio.

Nuestros personal de judíos para Jesús oró. Yo estudié, limpié nuestro apartamento y preparé algo para convidar. Era un martes a las 11:00 am., y el teléfono sonó. Era de la recepción: “Está aquí la señora Weinisch, Leah*”. “Hágala pasar”, le contesté, aunque algo sorprendida. Leah es una mujer judía aún no creyente con la que había estado compartiendo el Evangelio durante dos años. Nos reuníamos de vez en cuando; a veces para estudiar la Biblia, otras veces para mantener una conversación espiritual con una taza de café o una comida de por medio. No esperaba que Leah aceptara la invitación, pero ahora estaba muy contenta de que me lo hubiera pedido. Luego apareció Rhea. Es una nueva judía creyente a quien aún no había conocido en persona (ella fue una de las mujeres que había llamado a la oficina de Judíos para Jesús hacía unos meses, preguntando por un curso para mujeres). Su vecina judía, Esther* (todavía no creyente) se vino con ella. Una de las alumnas misioneras, Lisa, estaba allí con el fin de observar, como parte de su formación y para ayudar. Luego de realizadas las presentaciones y de que nosotras cinco llenáramos los platos con comidas y las tazas con té y café, elevé una silenciosa oración, pero con algún contenido de desesperación: “Oh Señor, yo debería enseñar ‘Qué es la Biblia’, ¡No Colosenses!”.

Decidí seguir con el plan y presentar lo que yo había sentido que Dios puso en mi corazón para enseñar en ese momento. ¡Había tantas preguntas! ¿Quién es Pablo? ¿Desde dónde está escribiendo? ¿A quiénes les escribía? ¿Dónde está Colosas? ¿Conocía a la gente de allí? ¿Qué es un apóstol? ¿Quién es Jesucristo? ¿Es Jesús su primer nombre y Cristo su apellido? ¿Quién es Timoteo? ¿También era judío? ¿Era realmente el hermano de Pablo? Antes de finalizar la reunión de estudio, éstas y muchas otras preguntas fueron respondidas, y también habíamos leído la conversión de Pablo en Hechos 9. Miré mi reloj y ya habíamos pasado demasiado tiempo para ser un estudio de la Biblia, ¡pero la sala estaba eléctrica! Habíamos tenido una conversación animada y todas queríamos más. Cuando Esther se levantó del sofá, dijo con una gran sonrisa: “Cielos, esto fue una verdadera sorpresa. No tenía idea de adónde estaba viniendo. ¡Guau!”

Yo también estaba sorprendida, ¡pero Dios no lo estaba! En una visita posterior a Esther, ella oró para recibir al Señor. Por favor, recen por la salvación de Lea, y para que Rhea y Esther le den un buen cimiento a su nueva fe. También recen para que continuemos con este poco probable de Colosenses, y para que Dios siga trayendo a esas mujeres a las que Él mismo está buscando.

* No son sus nombres verdaderos

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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