¿Un Dios Bueno?

¿Por qué un Dios bueno podría enviar plagas durante la Pascua?

por Laura Barron

Laura BarronCada año, recordamos en la Pascua las diez plagas que Dios desató en la tierra de Egipto. La segunda de las cuatro tazas de la comida del séder está llena para representar la alegría completa del Señor sobre la que leemos en los Salmos. Antes de que nadie beba de la copa, cada participante deja caer una gota de vino por cada una de las diez plagas. Recitamos una plaga por cada gota que salpica a nuestros platos, como símbolo del luto por el sufrimiento de los egipcios. Nuestras copas ya no se encuentran llenas, luego de que recordamos sus pérdidas.

Puede parecer extraño que elijamos cantar: "sangre, ranas, mosquitos, moscas, muerte de ganado, forúnculos, granizo, langostas, tinieblas y muerte de los primogénitos", justo antes de lanzarnos a nuestra comida festiva. ¿Resulta apetitosa esta desagradable recitación de la destrucción? Por el contrario, las plagas son un poderoso recordatorio de un Dios soberano que cumple sus promesas a su pueblo. Las plagas fueron enviadas para rescatar a los israelitas de la esclavitud y llevarlos a la Tierra Prometida. Nos enteramos de que Dios nos salva a través del juicio y de que mantiene su pacto para siempre.

Cada golpe de la mano de Dios que sacudió a Egipto tenía una relación directa con los falsos dioses a los que ellos adoraban. Los egipcios veneraban el Nilo y fue convertido en sangre. El agua se volvió inhabitable para las ranas, que colmaron la tierra. Las ranas eran un símbolo de la fertilidad, pero su muerte se convirtió en un inmundo hedor dentro de cada hogar. Como consecuencia, abundaron los insectos y trajeron la peste a los animales y a las personas. En una tierra que rara vez veía la lluvia, Dios tronó granizo y fuego desde el cielo.

Sus dioses ya no podían atender sus necesidades, ya que las langostas devoraron sus tierras. La oscuridad era un manifiesto desafío hacia Ra, el dios del sol que adoraban, y también hacia el faraón, que era percibido como la encarnación de la luz. Los egipcios no podían dejar de percibir que Dios contenía a las plagas para que no afectaran a la gente de Goshen. Seguramente los egipcios notaron este juicio divino.

Cuando llegó el momento de la última plaga, la muerte de los primogénitos, todos los que vivían en Egipto se vieron afectados. Por su obediencia al mandato de Dios, los hijos de Israel tomaron parte al marcar con la sangre del cordero los postes de sus casas para que esa noche la muerte no pasara por sobre ellos. Ahora fueron aquellos hombres de Egipto que llevaron a su corazón la palabra de Dios los que también fueron salvados por la sangre. Hubo muchos otros que salieron de Egipto con los hebreos. A través de su pueblo, Dios estaba extendiendo su plan de redención a todas las naciones.

El faraón le pidió a Moisés: "¿Quién es este Señor al cual yo debería obedecer?" Dios respondió a esta pregunta de manera definitiva a través de las plagas. Él no acabó con el faraón y su corte con una medida sin explicación. Se tomó el tiempo para demostrar su poder y autoridad sobre toda su creación y le concedió al faraón varias oportunidades para dejar de lado su pretensión de divinidad y elegir al único Dios verdadero.

Nuestro Dios deseó y todavía sigue deseando que todos sean salvos conociéndolo a Él. En la cruz del calvario, Jesús, nuestro Mesías, tomó sobre su cuerpo todas las plagas de la tierra por nosotros. Él era el Cordero de Dios que vino para quitar el pecado del mundo. La oscuridad cubrió la Tierra cuando el hijo primogénito de Dios, la luz del mundo, se enfrentó al destructor por nosotros. Nos amó tanto que cuando aún estábamos perdidos en el pecado, Él murió por nosotros. Hemos recibido el último regalo de Dios: su sangre en los postes de la puerta de nuestro corazón, que es la que nos trae vida eterna.

 

 

 

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