Reflexión de Navidad

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Las palabras son poderosas. Dios utiliza las palabras para restaurar el orden ante el caos. Él las utilizó para crear el universo. Sin las palabras, no tendríamos un concepto de quién es Dios, lo que quiere o por qué existimos.

Las palabras traen sentido. Revelan la verdad. Desarrollan nuestro pensamiento y abren posibilidades. No sólo nos permiten compartir información; nos permiten compartir nuestros corazones.

Las palabras también pueden ser retorcidas para lograr propósitos exactamente contrarios a aquéllos por los que originariamente fueron creadas. Las palabras engañan y destruyen. Pueden usarse para cerrar las mentes, y aislarnos de Dios y de los demás.

Pero hay un verbo que no puede retorcerse. Un verbo cuyos poderes no pueden ser cooptados. Ese verbo se describe en el evangelio de Juan:

“En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1,1).

Ese Verbo es objeto de adoración, celebración y todo lo demás, porque “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1,14).

¡Qué increíble es que Dios se vuelva menos, para ser como nosotros… así nosotros podemos volvernos más… como Él!.

Nada es tan poético y a la vez tan práctico como la Encarnación. Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Y sin embargo, Dios hace que una Palabra (un Verbo) valga más que mil imágenes.

El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros. No creo que piensen que eso sucedió el 25 de diciembre, por una simple razón: no existía un mes llamado diciembre en la tierra donde nació. E incluso si hubiera existido, no hay pruebas que vinculen su nacimiento con una fecha en particular.

Eso no quita la alegría que compartimos muchos de nosotros al prestarle especial atención a la Encarnación durante esta parte del año. En una era en la cual con frecuencia las palabras se retuercen, se acortan y se les quita su verdadero significado, me gusta pensar en la Encarnación como el Verbo más conciso e incorruptible del universo. Mucho ante de que apareciera el mundo de Twitter, Dios ya había dominado el arte de llegar a lo esencial. Él solo necesitaba un Verbo para llevar su mensaje.

Es cada mes más difícil encontrar tarjetas de felicitaciones que tengan mensajes para honrar a aquél cuyo nacimiento es el que más merece celebrarse.

A través de los años, imprimimos varios artículos y poemas para expresar lo que para nosotros significa el nacimiento de Yeshua, y escucharemos algunos de ellos al final de este artículo. Por favor siéntanse libres de compartir con sus amigos todo lo que lean allí, por medio de email o bien imprímanlos, usando la guía que se encuentra al final de esa sección.

Que Dios nos ayude a hacer brillar con más fuerza su luz, especialmente durante esta parte del año, cuando tantas personas buscan la alegría que sólo en Él podrá encontrarse.

 

 

 

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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