No Tienes el Control

DBpor David Brickner, Director Ejecutivo

Ni de cerca tenía el entusiasmo de mi hija de 22 años cuando me dijo que iba a hacer bungee jumping desde un puente.

Pero como ella ya es adulta y puede tomar sus propias decisiones, sólo le pedí que me llamara ni bien terminara para evitarme una innecesaria y prolongada preocupación.

Me prometió que lo haría, como lo había hecho cuando ella y su mejor amiga celebraron su graduación de la secundaria saltando desde un avión.

El salto bungee estaba arreglado para las 3.30 de la tarde de un domingo en el que tenía programado hablar en una iglesia a las 9 y a las 11 de la mañana, y a las 5 y las 8 de la tarde. Durante todo el día estuve pensando en la aventura de mi hija, pero en especial cuando a las 4 de la tarde todavía no tenía una llamada suya… luego a las 4:30 y a las 5, y mis frenéticos mensajes y llamadas seguían sin respuesta. Quizá puedan entender mi angustia.

A las 5:15 era momento de hablar de nuevo y debo decirles, fue la gracia de Dios la que me permitió concentrarme en ese mensaje.

Imaginen mi alivio cuando recibí el mensaje a las 7:07 de la tarde: “Estoy viva”.  Había estado sin señal hasta ese momento.

No me considero un maniático controlador, pero como la mayoría de las personas, no disfruto del miedo ni de la incertidumbre que nos produce el “sentir” que no tenemos el control.

A lo largo de los años he descubierto que, por lo general, el sentimiento de tener el control, es simplemente una ilusión.

Mi pasión por ser mochilero me ha llevado a comprender esta lección.

Cuando me meto en las montañas, estoy completamente fuera del alcance de todos a excepción de Dios y mis compañeros de excursión.

Siempre existe ese sentimiento molesto: “¿Y si ocurre algo mientras no estoy?” ¿Y saben qué? A veces pasan cosas.

Estaba en las montañas cuando uno de mis mejores amigos, Jhan Moskowitz, tuvo una caída fatal en un subte de Nueva York.

Solo así, se fue y yo nunca tuve tiempo de tener una esperanza o de rezar…

Recibí la impactante noticia de su muerte repentina después de que todo hubiera terminado.

¿Y qué debía hacer? ¿Dejar de ir a las montañas? Créanme, pensé en eso.

Pero mi habilidad para recibir una llamada telefónica no tiene ningún efecto sobre mi habilidad de controlar eventos.

La proximidad no equivale al control.

Donde sea que estemos nosotros o las personas a las que amamos, debemos ejercitar la fe en Dios, y saber que Él tiene el control y no nosotros.

Es una verdad tan sencilla y sin embargo todos luchamos contra ella.

Un montón de situaciones ponen a prueba nuestra determinación a confiar en Dios.

Una de las parejas misioneras se estaba preparando para trasladarse a otro país. De la nada salieron obstáculos, y tuvieron que posponer la mudanza hasta un momento todavía indeterminado.

La pareja había hecho todo lo que podía, pero muchas cosas estaban fuera de su alcance. Esta incertidumbre estaba alimentando el miedo y la frustración. Yo no tenía más control que ellos sobre estas circunstancias.

Pero Dios sí.

Le recordé a la pareja la historia de Abraham y Sarah.

Ellos se fueron sin saber hacia dónde estaban yendo ni cuándo llegarían; Google maps no estaba disponible.

No tenían el control pero creían y confiaban en Dios, que sí lo tenía.

Las Escrituras dicen que “juzgó digno de fe al que se lo prometía” (Hebreos 11, 11).

Podemos decirnos esto cuantas veces sea necesario pero a no ser que o hasta que cada uno de nosotros ejercitemos nuestra propia fe en Dios con respecto a este asunto, seguiremos teniendo miedo e inquietud.

Es crucial que recordemos que Dios se preocupa por nosotros y por las promesas que nos hizo.

Entonces, por medio de la fe, podemos ceder nuestro propio deseo de controlar por encima de Él.

¿Y cuáles son algunas de esas promesas que nos hizo?

“No te dejaré ni te abandonaré” (Hebreos 13, 5)

“Si cruzas por las aguas, yo estaré contigo, y los ríos no te anegarán; si caminas por el fuego, no te quemarás, y las llamas no te abrasarán” (Isaías 43, 2).

“No temas, porque yo estoy contigo, no te inquietes, porque yo soy tu Dios; yo te fortalezco y te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa” (Isaías 41, 10)

“Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mateo 28, 20)

Y las promesas continúan y continúan. ¿Cuánto nos tomará dejar de buen modo nuestro deseo (en el que a veces fallamos por necesidad) de sentir que tenemos el control?

¿Cuánto nos tomará confiar en el control del Único que nos hizo esas promesas divinas?

Nuestra fe en Dios no es sólo una herramienta que nos ayuda a lidiar con nuestras circunstancias. ¡Confía en que el poder de nuestro omnipotente Dios que nos cuida nos habrá de liberar! De repente nos damos cuenta de que tenemos la libertad de ser valientes y de tomar riesgos por Él. No es que la fe nos haga imprudentes o nos lleve a probar a Dios. Es lo que sucede cuando abrimos el puño para dejar ir las ilusiones de tener el control. Es muy bueno liberarse de esas ilusiones, ilusiones que tan seguido nos susurran falsas alarmas, y ahogan las promesas verdaderas de Dios. Escucharlo  y confiar en sus promesas nos da el valor para vivir y servir con fuerza y entusiasmo.

 

Uno de nuestros valores principales en Judíos para Jesús [en la edición en línea http://www.jewsforjesus.org/about-jews-for-jesus/who-we-are/corevalues] es “salir con fe valiente y tomar riesgos por Dios”. No podemos hacerlo si intentamos tener el control de nuestras vidas y de las circunstancias.

Quiero confiar en Dios, no sólo cuando todo vaya bien, sino también cuando no pueda ver hacia dónde van las cosas. Quiero creer y confiar en Dios y tomar riesgos para su gloria.

El riesgo que tomó mi hija cuando fue a hacer bungee jumping no es precisamente el tipo de riesgo a los que me refiero. La foto de ella en mi celular ilustra lo que quiero decir: su espalda arqueada, los brazos en el aire, la caída libre desde un puente de unos 150 pies sobre la garganta de un río hermoso es una imagen de euforia y confianza ciega. Noto que esa imagen es muy convincente.

No siempre elegimos las circunstancias de nuestra falta de control.

Pero podemos elegir compartir ese sentimiento de feliz abandono y confianza en Dios a pesar de la falta de control. La elección es mucho más fácil si sólo recordamos cuánto mejor es para nosotros que Él tenga el control en lugar de nosotros.

Me ha inspirado en el ejemplo de nuestro equipo de Judíos para Jesús en Ucrania. A la luz de la violencia y la inquietud que está plagando su país, han elegido incrementar sus esfuerzos para que sean visibles, vulnerables y estén disponibles para la gloria de Dios*. Cuando la violencia y la inquietud estallaron en Maiden Square, Kiev, ellos estaban allí para dar las buenas noticias. Mientras Odessa estaba en llamas, ellos se pusieron de pie y dieron a conocer la gracia de Dios, a pesar del miedo por su propia seguridad. Estoy orgulloso de la disposición que tienen de confiar en el control del Único que los ha llamado al servicio. Creo que Dios quiere que todos vivamos de esa manera. Rezo para que todos en Judíos para Jesús tengamos ese tipo de valor para tomar riesgos. Y también rezo por ustedes, mis queridos amigos de Judíos para Jesús.

 

 

 

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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