Misión No Imposible

Igor Mitoraj

escrito por Ziggy Rogoff

 Es fácil explicar el pecado ¿verdad? Bueno, ¡en realidad no lo es! Me encuentro continuamente en la necesidad de tener que explicarle a la gente que no estoy juzgándolos. La verdad es que todos somos pecadores, y que Dios es el juez.

Un musulmán me preguntó una vez: “¿De qué necesito ser salvado?” También los judíos me han hecho la misma pregunta. A la cual contesto: “Todos hemos pecado y desafiado al Dios santo. Tenemos que ser salvados de nuestro pecado y del juicio que éste trae. La buena noticia es que Dios quiere ser tu Salvador. Todo lo que tienes que hacer es confesar tus pecados, arrepentirte y decirle que sí a Jesús”. Pero el arrepentimiento no es fácil. Implica dejar de lado la manera de vivir que deseamos, y permitir que sea Dios quien nos dirija.

Muchas personas no se ven a sí mismas como pecadoras porque no han cometido ningún delito. Pero no saben que el pecado es salirse sólo un poco de los estándares de Dios, no sólo de las normas que los seres humanos establecemos para nosotros mismos. Tenemos la tendencia de juzgarnos a nosotros mismos por el hecho de ser mejores o peores que otras personas. Pero un amigo lo describió así: “Todos hemos rendido un examen, y todos hemos desaprobado. Algunos reciben un 49%, otros sólo un 1%, pero aún las puntuaciones más altas no alcanzan para aprobar. Por más buenos o malos que seamos en comparación con los demás, al final todos somos pecadores y estamos privados de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Imagínate que alquilas tu casa y que tus inquilinos nunca te pagan. Rompen la casa y usan tu propiedad para fines que van en contra de los términos por los cuales se les permitió vivir allí. Así es como se nos ve cuando pecamos. Somos todos inquilinos en un mundo creado y poseído por Dios, pero nos comportamos como si no le debiéramos nada a Él. No lo reverenciamos ni le obedecemos. Teniendo todo el derecho a cortarnos el paso y a echarnos, Él pagó lo que hacía falta enviando a su Hijo, Yeshua, para vivir una vida perfecta y luego tomar el castigo por nuestro pecado.

El pecado es un tema importante. Me puse en contacto con un hombre llamado Matt, y me enteré de que dos mujeres habían orado con él un año atrás para que recibiera a Jesús. Le pregunté qué significaba la oración. Él no me pudo contestar. “¿Estas mujeres hablaron con usted acerca del pecado?” Me dijo que no lo hicieron. O tal vez lo hicieron pero no se acordaba; no lo sé. Pero cuando se lleva el testimonio a los demás, es esencial tener una conversación sobre el pecado. Si no lo hacemos, bien podríamos estar con ello inmunizando a las personas contra el Evangelio, ya que erróneamente pueden pensar que lo entienden, cuando en realidad una gran parte de la historia está faltando.

Otro hombre oró para recibir a Jesús en nuestra salida de Wimbledon, pero cuando Julia Pascoe habló con él unos meses más tarde, era evidente que no sabía nada del pecado. Esto es muy frecuente con los judíos que se acercan a Jesús. Ellos comprenden que Él es el Mesías, pero parece que no pueden entender que también es el juez del pecado, como así también la expiación del pecado. Muchos no entienden realmente lo que es el pecado, y por eso no ven la necesidad que tienen de ser librados de él. A veces puede llevar un tiempo para que sus ojos se abran. Una creyente judío dijo que después de invitar a Jesús a su corazón, le tomó otros tres años antes de darse cuenta de que Jesús es el Señor y el Juez. Tenemos que ser pacientes con las personas. Y al mismo tiempo, debemos hacer todo lo posible para explicar, no sólo quién es Jesús, sino también por qué todos lo necesitamos.

 

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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