¿Me Bendecirás en Moscú?

14212678708_ec265f5cdd_bescrito por Svetlana Kotlomina, misionera en Moscú

En los días previos a nuestra campaña de testimonios en Moscú, le pedí a Dios su bendición más veces de las que puedo recordar. Podrás ver tú mismo cómo fue que Él me contestó.

Una tarde llegamos junto a un voluntario a nuestro lugar designado para nuestra salida (expedición para la entrega de folletos). Miré a mi alrededor para ver dónde deberíamos pararnos. Inmediatamente me di cuenta de que había una gran corriente de gente sin parar, un lugar perfecto para repartir materiales, conocer gente, y posiblemente también conseguir contactos para desarrollar el ministerio en Moscú. La multitud estaba a mi derecha, mientras que a mi izquierda sólo unas pocas personas aparecían caminando, dispersas en un área grande. Evidentemente allí sería difícil ofrecer a cualquier persona un folleto evangélico o iniciar una conversación.

De pronto mi voluntario me dijo en un tono de mando: “Ahora escucha. Yo me voy a parar a la derecha y tú a la izquierda”. Mis ojos se abrieron con sorpresa. Pero oí una voz en mi corazón que me decía: “Acéptalo”. Estaba a punto de decirle al voluntario que nos quedáramos ambos sobre la derecha, donde había un montón de gente para que tomara nuestros folletos. Sin embargo, una vez más, escuché la voz de mi corazón que me decía: “Acéptalo”. Yo sonreí y le respondí al voluntario: “¡Bueno!”.

Durante la primera media hora observé a mi hermano repartir con gusto los folletos a una multitud a la que fácilmente podríamos haber atendido los dos, mientras yo permanecía en un costado vacío. Me dije a mí misma: “No hay duda de que ha sido Dios el que me dijo ‘acéptalo'”. ¿Tal vez esta salida sería sólo una prueba a mi humildad y a mi obediencia a Dios? Señor, ¿toda la salida sería así?”

De pronto un hombre judío se detuvo a hablar conmigo. “He sido un ateo de toda la vida, pero con los años, he empezado a entender que es importante creer en Dios. Tengo una Biblia para niños, y me encanta”. Ilya tenía un montón de preguntas. Me dejó su información de contacto y prometí regalarle una Biblia.

Cuando me di vuelta, había una mujer judía esperando para hablar conmigo. Cuando Yana escuchó sobre el camino de la salvación, también ella me dio su información de contacto. El problema es que en una hora íbamos a tener una actividad especial: la presentación de la obra de Marc Chagall en el marco del Evangelio. Le conté sobre esto y me dijo que vendría. Y así continuó. En ese costado “vacío”, Dios me regaló siete conversaciones con judíos, y los siete me dejaron su información de contacto.

Unas horas más tarde, me enteré de que Yana había asistido al evento de Marc Chagall y que rezó la oración del pecador, reconociendo a Yeshua como su Salvador. Cada día de la campaña vi cómo Dios respondió a mi pregunta y a mi oración: “¿Me bendecirás en Moscú?”

Después de terminada la campaña, me quedé para ayudar con el seguimiento. Brindé ministerio a muchas personas de las visitas, y recordé mi promesa de darle a Ilya una Biblia. En la noche en que fuimos había una fuerte lluvia y un viento frío. Se necesitaron dos horas y tres tipos diferentes de transporte para llegar a su edificio de apartamentos. Toqué el timbre de la puerta, pero no se escuchaba nada. Quizás sería necesario presionar ese botón en un cierto ángulo para que sonara. Seguí presionando el botón del timbre una y otra vez. No lograba escuchar nada, pero al parecer Ilya sí escuchó.

Finalmente abrió las dos puertas de seguridad y me invitó a entrar. El apartamento estaba lleno de humo y era difícil respirar. Ilya se apresuró a abrir todas las ventanas y puertas, gritando: “¡Acabas de salvarme la vida! ¿Te das cuenta de que te estoy hablando en serio? ¡Judíos para Jesús, nunca los olvidaré porque me acaban de salvar la vida!”

Resultó que Ilya había puesto algo en el horno y mientras se estaba cocinando, se fue a otra habitación (su apartamento es grande y la habitación estaba lejos de la cocina) donde se quedó profundamente dormido. La comida quemada había inundado todo el apartamento con humo mientras Ilya seguía durmiendo. El timbre insistente fue lo que lo despertó.

¡Qué distinto podría haber resultado todo si yo no hubiera escuchado la voz de Dios que me pidió quedarme parada donde nunca hubiera querido estar durante esa salida! Los siete contactos judíos, la salvación de Yana, Ilya despertado antes de que el humo se adueñara de él… es bastante increíble. No estoy diciendo que los misioneros debamos dejar que los voluntarios nos digan qué hacer durante nuestra salidas, pero a veces Dios trabaja de maneras misteriosas. Quiere hablarle a nuestros corazones. Y aunque podamos pensar que vemos un mejor curso de acción, Dios puede guiarnos de manera diferente. Camina obedeciéndole a Él. Habrá frutos abundantes para la gloria del Señor, y tu vida se llenará con el privilegio de ser partícipe de sus milagros.

 

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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