Los Resultados Merecen Asumir Riesgos

Avi & Ruthpor Avi Snyder, Director Europeo

“¿Usted es judío?”, me preguntó el joven. Él me había estado observando mientras repartía folletos en la estación de metro Konkova, en Moscú, durante nuestra campaña “Vida desde la muerte”.*

“Sí, lo soy”.

“¿No le da miedo estar aquí?”

“No”, le dije encogiendo los hombros. Luego le ofrecí uno de mis folletos.

Él sacudió la cabeza. “Yo soy nazi”, me dijo.

“Tómalo de todas formas”, le sugerí. “Es sobre Jesús”.

“No, gracias”, me dijo con una amabilidad que me pareció un poco espeluznante, quizás incluso amenazante.

Me volví para seguir repartiendo mis folletos. Pero me di cuenta al mirarlo de costado que él estaba haciendo una llamada con su teléfono celular. No es infrecuente que aquéllos que intentan intimidarnos llamen pidiendo refuerzos y yo no tenía manera de saber si eso era lo que este joven estaba haciendo. Después se fue. Supuse que podría encontrar un punto cercano para terminar de repartir mis folletos, pero no quería que un nazi determinara dónde, cuándo o cómo ofrecer el Evangelio.

Unos minutos más tarde, sentí un golpecito en mi hombro. Creía que vería las caras de los “amigos” del joven nazi. En lugar de eso, me encontré con la mirada fija de un señor judío. Se presentó como Semyon, y me pidió ver lo que estaba entregando. Mientras la daba un folleto, le hice mi pregunta habitual. “¿Qué piensa acerca de Jesús?”

“¿Qué debería pensar?”, preguntó retóricamente. “Mis padres conservan algunas de las tradiciones judías, pero a mí me criaron como comunista y ateo, como a todos los demás”.

“Yo creo que Él es el Mesías, que nos prometieron Moisés y los profetas”, empecé. Él escuchaba atento mientras continuaba explicándole el mensaje del Evangelio. Cuando me ofrecí a enviarle más información sin costo, de buen modo el hombre me dio su nombre completo, dirección y número de teléfono.

¿Qué pasó con el joven nazi? Nunca volvió.

¿Son reales los miedos que nosotros, los Judíos para Jesús, tenemos que enfrentar? A veces. Todos nosotros hemos tenido el privilegio de ser parte de sus sufrimientos de una forma u otra. Entonces ¿por qué corremos el riesgo y nos hacemos vulnerables? Porque eso fue lo que hizo Jesús, y Él nos ordena que sigamos sus pasos.

Debería ser difícil para nosotros encontrar pruebas en las Escrituras que sugieran que Dios sólo envía a sus mensajeros a terrenos “seguros”. Existen dos razones para esto. Primero que nada, el tema crucial no es la seguridad del mensajero, sino la salvación del que está perdido. Si para Jesús hubiese sido “seguro”, entonces todos nosotros estaríamos todavía destinados a encontrarnos separados de Dios por la eternidad. La segunda razón es esta: nosotros estamos seguros si vivimos o morimos, porque pertenecemos a Él. Él tiene dominio sobre nuestras vidas, tanto en la vida como en la muerte, en la paz o en la tribulación. Como el Rey David, podemos exclamar con perfecta confidencia que, “El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré?” (Salmo 27, 1b).

Dios bendijo el compromiso de 2013 en Moscú con maravillosos resultados, a pesar de ocasionales detenciones policiales y algunas agresiones físicas menores y esporádicas. Para el final de la campaña, el equipo de 25 personas había repartido más de 250.000 folletos del Evangelio; había recolectado nombres y direcciones de 558 judíos y 361personas no judías para continuar; y 38 judíos y 33 no judíos oraron para recibir al Señor.

Los resultados siempre hacen que los riesgos valgan la pena.

 

 

 

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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