Lo Que Nos Demuestra el Holocausto

Avi & Ruthpor Avi Snyder

“¿Qué les digo?” me preguntó el pastor de jóvenes, quien había llevado a un grupo de veinte adolescentes a Auschwitz. “Ahora tienen muchas preguntas y yo no sé qué decirles. Ni siquiera sé qué decirme a mí mismo.”

“Diles que el Holocausto prueba que el Evangelio es real”, le dije, y luego me adelanté a explicarle a lo que me refería mediante una declaración chocante.

El mundo nos dice que poseemos una bondad intrínseca que está esperando para salir, y que el mal es la respuesta frente a las situaciones que hacen que las personas vayan en contra de su mejor naturaleza. Escuché que se dijo: “Sólo si nos dan las herramientas correctas, las oportunidades adecuadas y el estímulo necesario, esa bondad fundamental crecerá en nuestro beneficio”. Con respecto al Holocausto, nos dijeron: “Eso fue una anomalía grotesca. Esos horrores fueron cometidos por las aberraciones de la humanidad, no por gente normal”.

Pero la Biblia y el curso de la historia nos dicen algo más. “Nada más falso y perverso que el corazón ¿quién lo entenderá” (Jeremías 17, 9). No importa qué tan buenos esperamos ser; hay algo que no tiene remedio en nuestros corazones y se llama pecado. Cuando se le da rienda suelta a ese pecado o la sociedad lo aprueba, no hay límite para la brutalidad que podemos desatar sobre nosotros y sobre los demás. El Evangelio nos dice que necesitamos que nos rescaten del pecado que reside dentro de cada uno de nosotros.

El Evangelio también nos dice que no podemos rescatarnos nosotros mismos, y el Holocausto confirma que eso es cierto. No podemos escondernos detrás de la noción de que el Holocausto sucedió debido a que una nueva “Edad Oscura” descendía sobre el mundo. El arte y la cultura habían florecido. La filosofía y la psicología nos habían dado una nueva percepción acerca de cómo pensamos, qué creemos y por qué actuamos. Pero ninguno de estos avances pudo evitar que ocurriera el Holocausto. A pesar de nuestros logros, la condición humana y el corazón humano permanecen iguales.

El Holocausto nos hubiera dejado sin ninguna esperanza de no ser por el hecho de que hay esperanza en el Evangelio. Dios nos promete, “Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne” (Ezequiel 36:26).

Ese nuevo corazón puede hacer milagros en dos direcciones. Nos protege de cometer pecados en el futuro, y nos garantiza el acceso al perdón por los pecados cometidos en el pasado. Hace algunos años, conocí a una polaca que cree en Jesús y que ama a mi pueblo judío con pasión, pero la habían perseguido por años por los crímenes que su padre cometió en contra nuestra durante la guerra. Dios me otorgó la gracia de decirle: “Tu padre está muerto, y también la relación que tenías con él. Pero tú y yo estamos vivos y somos familia, debido al Mesías Yeshua”. En este sencillo caso, el Holocausto nos demostró que la gracia de Dios es real, y ese Dios es el Dios de lo imposible, que hace a los antiguos enemigos uno en el Señor.

El Holocausto prueba por lo menos una verdad crucial más acerca del Evangelio. Demuestra que ninguna región está fuera del alcance del Señor. No hay oscuridad que pueda evitar la penetración de la luz de su Evangelio. Me asombro por la increíble tristeza de los cristianos que dicen que debido al Holocausto, mi pueblo judío no puede escuchar el Evangelio ni salvarse. Me causan asombro los cristianos que usan el Holocausto como excusa para mantener alejada a mi gente de la Buena Nueva, como si Jesús fuera culpable de las atrocidades que tuvieron lugar. Desearía poder presentarles a Rachmiel Frydland, Vera Schlam y Eliezar Urbach, judíos mesiánicos y sobrevivientes del Holocausto, a quienes tuve el placer de conocer. Pero todos ellos han muerto y ahora están con el Señor, por lo que las presentaciones tendrán que esperar. Desearía poder presentarles a Rose Price y Manfred Wertheim así como también a otros sobrevivientes que han abrazado la fe.

¿Qué nos demuestra el Holocausto? Nos demuestra que el Evangelio es verdadero; que necesitamos ser rescatados. Nos demuestra que el Evangelio es necesario; ya que no podemos rescatarnos nosotros mismos. Demuestra, además, que el Evangelio salva, incluso en los momentos más oscuros. El Evangelio realmente es “el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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