Las Otras Palabras Molestas Que a Nadie Le Gustan

escrito por Karl deSouza

Vivimos en una cultura hipersensible en las que las personas son cuidadosas con lo que dicen, y la mayoría trata de evitar la palabra “pecado”. Esta palabra es a menudo asociada con la religión (no escuchamos demasiados ateos o seculares mencionarla). Muchos consideran a la palabra pecado como una intrusión desagradable o como una indicación de que sus actitudes, comportamientos o acciones están siendo juzgadas por otras personas que no tienen derecho a señalarles con el dedo.

Hay otra palabra molesta que a nadie le gusta, pero de la que no nos importa hablar. Esa palabra es “sufrimiento”. En este caso, la cuestión no está en decir la palabra, sino la experiencia misma de ella, que es lo que tratamos de evitar. El sufrimiento implica dolor, angustia y pérdida de la shalom (paz). Si tuviéramos la oportunidad, a la mayoría de nosotros nos gustaría aliviar el sufrimiento de los demás, así como evitarnos el sufrimiento a nosotros mismos.   Karl deSouza

Tengo la oportunidad de visitar a muchos judíos que están pasando por una u otra forma de sufrimientos. Un hombre con el que me suelo encontrar pasó por el Holocausto, la pérdida de su familia y apenas logró sobrevivir a uno de los peores campos de concentración. Muchas de las personas con las que me reúno padecen de mala salud.

Durante mis visitas, trato de enmarcar el problema del sufrimiento en el contexto de esa palabra que nadie quiere hablar: el pecado. No es que todo sufrimiento sea el resultado de un pecado cometido por la víctima. Pero en un sentido más amplio, el sufrimiento es resultado del pecado. Originalmente Dios hizo todo “muy bueno” (literalmente, “buena en gran manera”; (Génesis 1:31). El sufrimiento y la muerte son los resultados del pecado, que estropean el mundo perfecto de Dios. Y sin embargo, es a través del sufrimiento como podemos ser restaurados. No quiero decir que debamos buscar el sufrimiento, pero tenemos que buscar la única esperanza y el recurso seguro que nos puede ayudar: el Mesías, el Siervo sufriente (Isaías 52:13-53:12).

El Antiguo Testamento describe el sufrimiento que habría de experimentar por nosotros y para nosotros: lo hemos despreciado y evitado (lo sufrió socialmente; Isaías 53:3-4). Él estaba familiarizado con el sufrimiento emocional, y lloró ante la pérdida de sus amigos (como en la muerte de Lázaro; Juan 11:35). En el jardín, antes de ser crucificado, Yeshua declaró: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte”. (Mateo 26:38). Él comprendió la soledad y el abandono. Fue “oprimido” y sufrió físicamente en su juicio y su crucifixión. Señalo que este Mesías no sólo experimenta y entiende el sufrimiento, sino que también resultó victorioso frente a la causa última de todo sufrimiento, que es el pecado. Es por eso que sólo Él puede ofrecer la comodidad, la shalom, la fuerza, así como su presencia y poder para salir victoriosos ante aquello que no podríamos enfrentar.

Es un deseo piadoso querer aliviar el sufrimiento de los demás de la mejor manera que podamos. Y la mejor manera que conozco para lograrlo es enseñarle a la gente el Mesías. Por favor, oren para que la gracia de Dios ayude, salve y dé salud a la gente a la que llevo el ministerio, algunos de los cuales son creyentes judíos. Oren por estas personas con las que me encuentro y que están sufriendo: Rochelle, Angela y Ken.

Pero hay otra cara del sufrimiento: “Porque a ustedes se les ha concedido la gracia, no sólo de creer en Cristo, sino de padecer por él” (Filipenses 1:29). Muchos han perdido familiares o amigos que los han rechazado por seguir a Yeshua, el Mesías. Y algunos que viven en países sin libertad religiosa han perdido aún más. A veces Dios permite el sufrimiento con el fin de ayudarnos a depender de Él (Romanos 5:1-4; Santiago 1:2-18), y para mostrar su poder en acción.

Tenemos un mensaje de esperanza para este mundo que sufre. Este mensaje no pretende ocultar ni minimizar las terribles realidades, pero apunta al origen del sufrimiento (el pecado) y al Salvador, quien puede conducirnos por nuestras vidas mientras pongamos la confianza en Él.

“Estimo que los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que se ha de revelar en nosotros…. en todas esas circunstancias salimos más que vencedores gracias a Aquél que nos amó”. (Romanos 8:18 , 37)

 

 

 

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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