La Lucha

7443360614_2046d3324c_zEl artículo de Igor Spivak titulado "La Lucha" es personal. Como misionero en Kharkov, se enfrenta a situaciones que ningún laico, ni mucho menos un laico que vive en Estados Unidos, se ve obligado a enfrentar. Sin embargo, esa lucha subyacente sobre la cual ha escrito es la que enfrenta todo discípulo de Jesús.

Cuando se trata de la batalla espiritual, el hecho es que si no estamos peleando, estamos perdiendo; no la guerra (Jesús ya lo ganó), sino la batalla en la que hemos sido desplegados. Y francamente, si nos resulta difícil identificar algún tipo de señal de batalla, probablemente esto nos indique que el enemigo no está desperdiciando municiones en nosotros, simplemente porque estamos perdiendo por nuestro propio mérito. No está bueno.

En cualquier momento en que estemos tratando de vivir para el Señor, tratando de llegar a los demás con la verdad del Evangelio, tratando de cumplir con un estándar diferente de lo que el mundo espera, estaremos en la lucha. Tenemos que retroceder o liberarnos de nuestras propias inclinaciones y luchar constantemente contra las fuerzas espirituales que utilizan formas sutiles para lograr evitar que nosotros ganemos demasiado terreno para el Reino de Dios.

Incluso como misionero, siento el desafío de las palabras de Igor sobre no quedar satisfecho con dejar de escribirle a la gente que nos dice que no está interesada. Realmente no queremos volvernos una plaga ni faltarle el respeto a las personas. Pero tengo que preguntarme cuánto de lo que estoy sintiendo es realmente "algo que sería una falta de respeto", y cuanto de ello es "ya he sido rechazado y no tengo ganas de volver a intentarlo".

Si tengo que ser sincero, yo sé cómo acercarme a las personas de modo tal que se sientan respetadas por mí, incluso después de haberme rechazado. Así pues, la lucha que libro no es porque me asuste la idea de tratar a alguien de manera que se perciba como irrespetuosa. La verdadera lucha es saber que muchas personas necesitan más de una oportunidad para superar su reacción inicial antes de estar dispuestas a considerar el mensaje. Y por ser mensajero, eso no me resulta muy agradable.

Es muy fácil engañarnos sobre nuestras propias motivaciones y sobre lo que realmente sentimos. Y eso también es parte de la lucha.

Tengo algunas oraciones "movilizadoras" que le rezo a Dios en forma permanente. Entre ellas, ésta: "Dios, ayúdame a ver lo que tú quieres que yo vea. Ayúdame a saber lo que tú quieres que yo sepa. Ayúdame a decir lo que tú quieres que yo diga". La lucha no termina. Pero la lucha es buena. Significa que no nos hemos dado por vencidos.

 

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