La familia Eterna de Dios

DBpor David Brickner, Director Ejecutivo

El “Anuario” 2014 de la revista llamada Christianity Today, “La familia eterna de Dios”, de Larry Eskridge, es una mirada histórica al movimiento Jesus People que tuvo lugar aquí en Estados Unidos, desde finales de los 60 hasta mitad de los 70. Disfruté del libro, y recordar esos momentos me hizo desear ver hoy una fresca efusión del Espíritu de Dios.

Yo era algo joven para participar en el movimiento Jesus People, pero lo suficientemente grande como para ver el impacto que el poderoso trabajo del Espíritu Santo tenía en nuestro país en aquellos tiempos. Muchos de ustedes recordarán que el ministerio Judíos para Jesús surgió de ese movimiento, y sí, nos mencionan varias veces a lo largo del libro. Me alentaron especialmente para que viera esta retrospectiva con motivo del 40º aniversario de Judíos para Jesús. Dios se manifestó pura y exclusivamente en algunas personas que aparecían como poco probables para dar lugar a la salvación de literalmente decenas de miles de jóvenes.

Todavía disfrutamos del fruto de todo lo que Dios logró en esos breves años… Pero ¿no les gustaría ver un movimiento parecido en esta década? Sin ninguna duda hoy sería difícil, porque muchas cosas han cambiado. Pero esperaría ver algunas similitudes a los días del movimiento Jesus People si tuviéramos la bendición de experimentar otra visita de Dios de ese tipo.

Lo que parece haber marcado a este movimiento por encima de todo fue el desenfrenado y entusiasta compromiso de evangelización y testimonio personal de jóvenes cuyas vidas habían cambiado radicalmente. Ellos simplemente no podían dejar de hablar de Jesús, y su amor por Él era contagioso. Si Dios nos bendijera hoy con una efusión parecida, estoy seguro de que veríamos una renovación del compromiso apasionado por contarles a otros acerca de Jesús.

Hoy los testimonios personales parecen ser mucho más difíciles para nosotros; nuestra cultura se caracteriza, por una lado, por la desconfianza y el cinismo, y por otro, por una forma curiosamente ilógica de tolerancia que insiste en que tratemos a todas las creencias como igualmente verdaderas y válidas. Pero el Cristianismo siempre ha sido contracultural, y como en los tiempos del movimiento Jesus People, a menudo se hace mejor mediante aquéllos que no se limitan por la simple expectativa de encajar bien.

Aún así, cuando se trata de la evangelización hacia el exterior, la mayoría de las personas que caminan por las calles en la actualidad están o hablando por celular o escuchando música. ¿Significa eso que debemos perder nuestra fe en la evangelización callejera? ¡No! Sólo necesitamos trabajar con más énfasis y buscar maneras más creativas para involucrar a la gente con nuestro mensaje (recen por nosotros mientras nos empeñamos en hacer eso durante este verano con nuestra campaña de dar testimonios en la calle).

El Espíritu de Dios todavía se está moviendo en los corazones de las personas, y necesitamos estar en sintonía con lo que Él está haciendo, así podemos continuar para completar la Gran Misión en nuestros días. Por favor, recen por Judíos para Jesús mientras buscamos avanzar en la última generación de la evangelización creativa. Pero ¿no sería maravilloso si toda una generación de nuevos creyentes estuviera una vez más ardiendo por compartir el Evangelio? Recemos para que eso suceda, y también para que todo el cuerpo de Cristo siga renovando nuestro compromiso de contarles a las personas acerca de Jesús.

Otra marca de la efusión del Espíritu Santo se concentra en el título del libro “La familia eterna de Dios”. Durante el movimiento Jesus People, muchos eligieron vivir en comunidad, esforzándose en capturar de nuevo el sentido de lo que estaba pasando en la iglesia antigua, como se relata en el libro de los Hechos. “Hermano” y “hermana” describen de verdad lo que las personas querían significar para el otro. Fue notable este compromiso con el plan de Dios por la unidad sagrada entre su gente, y contrastó profundamente con la unidad profana que se ilustra en el libro del Génesis. La historia de la torre de Babel (Génesis 11) evidencia que no toda unidad es buena o divina. Cuando la gente se une orgullosa en obras de poder, esto es malo y está sujeto al juicio de Dios. Pero a pesar de que Dios dividió y separó a las personas de la Tierra en el juicio, Él planeó unificarlas algún día como familia, bajo su estandarte de amor. Él comenzó a revelar este gran proyecto redentor en el siguiente capítulo, cuando llamó a Abram y le dijo:

“Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra” (Genesis 12:3).

Pero el pueblo judío no era sólo una familia a través de la cual vendría la bendición. Eran los representantes de LA familia dentro de la cual otros serían recibidos, hijos e hijas adoptivos de Dios. Que los judíos y los paganos se harían uno en el Mesías era un misterio que se reveló finalmente en el Evangelio, “un hombre nuevo”, la familia de Dios para siempre mediante la fe en Jesucristo (Efesios 2,14-15).

Las implicaciones de este trabajo divino de Dios no se perdió en aquéllos que formaban parte del movimiento de Jesús. Me parece que hoy en la iglesia haríamos bien en recuperar y redescubrir las alegrías y bendiciones de ser parte de la familia eterna de Dios.

Es fácil tener actitudes consumistas con relación a la iglesia. Vamos de compras a la iglesia que mejor atiende nuestras necesidades personales. ¿Es buena la música? ¿Cómo es el programa para niños? ¿Nos conviene en términos de ubicación, disponibilidad de espacio en el estacionamiento, horarios de servicios? ¿Es bueno el predicador? La mayoría de nosostros no tenemos la oportunidad de elegir a nuestra familia física. Quizá deberíamos pensar más en términos de familia cuando elijamos nuestras comunidades de fe y oración.

Nosotros, los Judíos para Jesús, estamos muy agradecidos con Dios por la familia eterna que tenemos en nuestro Mesías. Incluso cuando algunas de nuestras propias familias judías nos dieron la espalda debido a nuestra fe en Jesús, fuimos acogidos y amados por la familia mucho más amplia de Dios. Esta unidad, fundada en Jesús, nunca se romperá. Gracias a Jesús, podemos celebrar esta realidad sobrenatural y vivir nuestras vidas como parte de la familia eterna de Dios. Imaginen una nueva ola de ese tipo de compromiso de familia espiritual en nuestros días -eso sería una marca de auténtico renaciemiento y un trabajo de gracia especial del Espíritu Santo seguramente.

Hace poco asistí a un encuentro de líderes del ministerio que estaban buscando trabajar juntos para lograr una mayor unidad. Uno de los participantes era un viejo amigo mío, el Pastor Don Finto. Ahora con 84 años, el Pastor Don había sido un auténtico participante y un líder en el movimiento Jesus People. Juntos reflexionamos sobre las bendiciones que Dios hizo esos días. Él las conocía de primera mano. Pero me dijo: “David, no estoy buscando volver a esos días, sin importar lo maravillosos que hayan sido. Creo que incluso mejores días están por delante, y espero vivir para ver esos días por mí mismo”. Yo dije amén. Así puede ser para Judíos para Jesús y por toda la familia eterna de Dios.

 

 

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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2 Respuestas

  1. Raùl Garcia dice:

    Amigo David Brickner, Director Ejecutivo Judìo para Jesùs, tu tienes un hermano y una familia que es mi casa aqui en Venezuela, Dios te bendiga por siempre4.

  2. admin dice:

    Gracias Raul por tus comentarios tan amable!

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