La Cosecha del Espíritu Santo, También

Larry Dubinpor Larry Dubin, misionero director de la area Washington D.C.

Me encanta ver los árboles en la zona metropolitana de DC, que es reconocida especialmente por sus cerezos. Cuando los veo, me recuerda que la evangelización y los árboles tienen algunas cosas en común: ambos empiezan con una semilla que se planta. Ambos necesitan ser regados para que la semilla crezca. Y ambos se toman su tiempo antes de que ese crecimiento se haga evidente.

Con una semilla física, puedes predecir cuándo deberían aparecer los signos de crecimiento, cuándo va a madurar el árbol y cuándo puedes esperar a ver el fruto. Pero con la evangelización se requiere una cantidad indeterminada de tiempo para que la semilla del evangelio crezca -y a veces hay salidas en falso a lo largo del camino-.

Hace poco conocí a un hombre llamdo Shlomy*, que nació y se crió en un hogar judío. Ahora Shlomy tiene edad avanzada, pero durante su niñez vio como sus padres trataban de seguir la religión de los rabinos -y era muy consciente de que ellos carecían de paz y de esperanza-. Por eso, decidió no ir por el camino del judaísmo tradicional.

No le tomó mucho tiempo a Shlomy darse cuenta de que algo le faltaba a su vida y comenzó a buscar formas de llenar ese vacío. De joven, se unió a la Sociedad ética local, asistió a las reuniones, estudió sus materiales y trató de acepar su visión del mundo. Pero no encontró ni paz ni esperanza en la Sociedad ética.

Un domingo a la mañana, Shlomy vio a un grupo de personas entrando a un edificio. Estaban bien vestidos y lucían como personas decentes y equilibradas. Así que él los siguió hasta el edificio y se encontró participando en un grupo de comunidad unitaria. Pronto Shlomy llegó a la conclusión de que no encontraría paz ni esperanza siendo un unitario, así que continuó. Se interesó por las enseñanzas de Buda… Y por treinta años buscó paz y esperanza dentro de esas enseñanzas. Después de ese gran período, Shlomy se dio cuenta de que aún no había encontrado rastro de esperanza ni de paz.

Shlomy tiene un amigo, un policía que asiste a una Iglesia bíblica. Durante más de dos años, Shlomy asistió a la iglesia de su amigo como alguien que no cree que Jesús es el Mesías judío. Aún así, participó en estudios bíblicos, servicios de adoración y reuniones de oración. Habló con los líderes de la iglesia y encontró convincente el mensaje del Evangelio. Pero a pesar de que Shlomy había abandonado la religión judía muchos años antes, desde luego nunca abandonó su identidad judía… la cual -se le enseñó- no le permite seguir a Jesús.

Una vez más, tuvo que continuar. Pero ahora la semilla verdadera se había finalmente plantado… y se la había regado.

Así que un día, mientras iba en el metro del DC en una jornada fría de invierno, Shlomi notó una señal (por cierto, ¿alguien dijo que los judíos anhelan milagros? 1º Corintios 1,22) sobre una tienda, en un centro comercial. Leyó las palabras “Judíos para Jesús”. Siente suficiente curiosidad por la gente judía que cree en Jesús como para estacionar su auto y entrar en la tienda. Empieza una conversación con la encargada de Judíos para Jesús de DC, Shannon, y le deja su información de contacto.

En pocos días, me contacto con Shlomy por teléfono. Después de unas cuantas conversaciones, empezamos a vernos en persona. Y en cuestión de semanas, Sholmy reconoce que es un pecador y que Jesús es el Mesías judío. ¡Por fin Shlomy recibe de Dios el don gratuito de la salvación (Romanos 6,23) y encuentra paz y esperanza!

Es justo como dice el apóstol Pablo: una persona planta, otra riega y Dios hace crecer. (ver 1º Corintios 3,6).

Editor: ¿Tienes un amigo que necesita a Jesús, pero que parece estar comprometido con un camino espiritual diferente, así como Shlomy parecía estarlo en diversas ocasiones? Esperamos que esta historia te aliente a seguir rezando y buscando oportunidades para compartir tu fe…¡y espera a ver lo que el Espíritu Santo hará!

*No es su nombre real

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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