¿Entonces Qué?

IMG_0099 El artículo de David sobre salvar vidas comienza con la historia de Januká, en el que un gobernante sirio podría haber envuelto por completo al pueblo de Israel forzándolo a adoptar las creencias y el estilo de vida pagana. Era una guerra cultural que se convirtió en una batalla física debido al incumplimiento del pueblo de Dios. 

Aquello me hace pensar en las guerras entre culturas de la actualidad. Me pregunto si la mayoría de los cristianos ve lo importante que es el incumplimiento en gran parte de la cultura de hoy en día. De hecho, puede que sea un problema de supervivencia espiritual. ¿Sabe la mayoría de los cristianos que somos la minoría en nuestra sociedad y que no se supone que nos mezclemos?

Pertenecer a Dios debería hacernos notablemente diferentes de aquéllos que todavía no lo conocen. Eso significa saber decir “no” a gran cantidad de actitudes, acciones y actividades que la gente que no conoce a Dios encuentra perfectamente normales y aceptables.

No estoy proponiendo que ataquemos a la cultura dominante de nuestra sociedad. El incumplimiento no debe ser mojigato, santurrón, agresivo ni polémico. Puede ser encantador, humilde y cariñoso. Miren a Daniel y sus amigos, a quienes llevaron a un una cultura extranjera y los trataron bien, quizás con la esperanza de que ellos asimilarían y finalmente harían popular la cultura babilónica entre los judíos. Daniel y sus amigos se rehúsan a inclinarse ante sus ídolos. Pusieron todo en riesgo cuando se negaron a quejarse…y se elevaron ante la providencia. En algunos casos puede suceder, incluso en nuestra cultura; pero no podemos darlo por seguro.

Hasta la mejor y más amable forma de negarse a “inclinarse” ante la cultura dominante puede ser vista con hostilidad, y en muchos casos se nos tratará de tal manera porque nuestra motivación para “estar de acuerdo en llevarnos bien” es nuestra convicción de que a Dios no le gustaría si estuviéramos de acuerdo con la multitud. Esto implica que, sin que tengamos que decir algo, “la multitud” entienda que creemos que Dios no está feliz con su dirección.

Depende de cada creyente entender los principios bíblicos y considerar en la oración cómo sostenernos en lo que pensamos, decimos y hacemos cuando los demás nos presionan a adaptarnos a la cultura de este mundo. Pero deberíamos ser capaces de ayudarnos y animarnos entre nosotros durante ese proceso.

“Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto” (Romanos 12, 2).

Entonces me pregunto: ¿Qué significa para mí no estar de acuerdo con la cultura dominante? ¿Cómo puedo manejarme bien en esas instancias en las que puede que me sienta tentado a adaptarme a la cultura que como hijo de Dios me aparta de su voluntad? Quizás ustedes también encuentren de ayuda estas y otras preguntas para hacérselas y discutirlas con sus familias y amigos creyentes. Como los macabeos, no necesitamos superar en cantidad a aquellos que puedan presionarnos para que nos adaptemos. Simplemente necesitamos ser fieles a Aquél que puede ganar cualquier guerra de culturas con sólo una palabra.

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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