El Evangelio

DBpor David Brickner, Director Ejecutivo

Jesús hizo varias declaraciones que son difíciles de escuchar; muchas de las cuales han usado los opositores al Evangelio para debilitar la fe en el Mesías. Posiblemente una de las más citadas con ese propósito sea el siguiente: “No crean que yo he venido a traer paz al mundo. No he venido a traer paz, sino guerra.” (Mateo 10, 34).

El conocido judío anti misionero Gerald Segal opina acerca de este versículo diciendo que “Jesús manifiesta con orgullo que la suya es una misión que causará desacuerdo y alterará la paz del universo, y traerá guerra al mundo”.*

Segal y muchos otros no alcanzan a comprender la diferencia entre el propósito de la venida de Jesús y las reacciones que Él predijo con bastante precisión. Jesús tuvo la intención de traer paz y así lo hizo. Él le dijo a sus discípulos: “Les dejo la paz. Les doy mi paz…” (Juan 14, 27).

Pero Jesús también quería que sus seguidores, antes y ahora, entendieran que identificarse con Él tiene un costo, el cual es inevitable, doloroso y probable de ser experimentado en los niveles más íntimos de nuestras vidas.

O qué me dicen de la afirmación del Señor: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes.” (Juan 6, 53).

Hoy la mayoría de nosotros escucha estas palabras en el contexto de lo que sabemos acerca de la Sagrada Comunión, más que participando de verdad del sufrimiento de Jesús mientras nos identificamos con Él.

¿Las palabras de Jesús eran una simple metáfora espiritual para que sus seguidores creyeran y se unieran a Él? Miren cómo sus palabras impactaron en sus oyentes inmediatos: “Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: ¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?” (Juan 6, 60).

Jesús sabía que muchos estaban ofendidos (Juan 6, 61) y a esos que estaban ofendidos les hizo más fácil el camino para marcharse: “Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo” (Juan 6, 66).

De golpe, Jesús había ofendido a un montón de sus seguidores. Muchos se marcharon. ¿Alguien cree que Él cometió un error al decirles esas “duras palabras”?

Sólo hay un par de ejemplos de muchas “palabras severas” que Él dijo durante su ministerio público. Y por severo no quiero decir que Jesús trataba de herir a la gente, sino que Él expresaba realidades dolorosas sin evadirlas ni suavizarlas. Entonces ¿cuáles son las implicaciones para nosotros hoy?

No estoy sugiriendo que alguno de ustedes debiera ir por ahí soltando palabras duras, pensando que esa es la manera de seguir el ejemplo de Jesús. Pero tampoco debería huir de anunciar la verdad a la gente porque es difícil de escuchar o porque pueden ofenderse con ella.

Hay muchas consideraciones que pone equilibrio. Pablo nos enseña: “Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido” (Colosenses 4, 6).

Pedro nos exhorta: Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen” (1 Pedro 3, 15).

Y las Escrituras nos recuerdan que “el mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan –para nosotros– es fuerza de Dios” (1 Corintios 1, 18).

Tenemos que medir nuestras palabras con cuidado e incluso darnos cuenta de que mucha gente reaccionará de manera negativa, no por lo que digamos o cómo lo digamos, sino porque el Evangelio mismo provoca a la gente y por lo general da lugar a esa reacción.

Este hecho quedó patente para Judíos para Jesús en abril, cuando promovimos (a través de las redes sociales) un controversial corto titulado: “Ese judío murió por ti“. El corto muestra a Jesús cargando su cruz a través de las puertas de Auschwitz y siendo sentenciado a la cámara de gas como “otro simple judío” por los nazis. Luego el espectador ve el mensaje “Ese judío murió por ti”, mientras las palabras de Isaías 53, 4-5 se desplazan hacia abajo en la pantalla. Esta chocante pero profunda conjunción recibió cerca de 1.5 millón de visitas en Internet.

Algunos estaban intrigados mientras muchos otros se mostraron ofendidos. Sabíamos que era posible que esto sucediera, sin embargo nuestra misión no era ofender. La mayoría de los que estaban ofendidos dijeron que de alguna manera el Holocausto nunca debería ser un tema para la comunicación del Evangelio, y eso teniendo en cuenta a algunos cristianos. Muy pocos mencionarían el Evangelio en el contexto del Holocausto, pensando que es un tema demasiado sensible. Muchas personas han culpado a Jesús y a sus enseñanzas por Holocausto, y en especial por el pueblo judío, en gran parte debido a la espantosa manera en que el nombre de Jesús ha sido usado y abusado para hacer declaraciones llenas de odio sobre el pueblo judío.

El video no puedo deshacer décadas de tragedia y falsa correlación entre Jesús y el odio que hizo posible el Holocausto, pero creemos que presenta una muy necesaria percepción contraria. No sólo eso: si el Evangelio no puede dar evidencia de esta atroz tragedia humana, ¿cómo ese mismo Evangelio puede salvarnos de nuestros pecados y de su terrible poder de separarnos para siempre de Dios? De hecho, en vista de tal espantosa demostración de lo que el pecado es capaz de hacer, el Evangelio se destaca como la única esperanza para la humanidad.

¿Alguna vez trataron de compartir el Evangelio con alguien que está furioso con Dios por una tragedia personal? Yo he escuchado palabras como éstas: “¿Cómo puedes hablarme de un Dios cariñoso cuando Él permitió que mi hijo sufriera y padeciera una muerte cruel ante mis propios ojos?” Para esos padres, ese es un holocausto personal y privado. Entonces ¿qué hacemos? Lloramos con aquellos que lloran. No forzamos el asunto. Pero tampoco nos atrevemos a dejar de ofrecer a Jesús, la única esperanza, a personas que padecen tanto dolor.
En medio de las reacciones llenas de odio que recibimos por Ese judío murió por ti, Susan Perlman atendió una llamada del rabino Bernhard Rosenberg, hijo de un sobreviviente del Holocausto y ex presidente de la Comisión del Holocausto de la Junta de Rabinos de Nueva York (New York Board of Rabbis Commission on the Holocaust). El rabino Rosenberg llamaba para agradecernos por producir lo que él llamó “una película hecha desde la compasión” (pueden ver la respuesta completa del Rabino).

Rosenberg declara de manera inequívoca que él no cree en Jesús, y sin embargo tomó el riesgo de ofender a algunas personas al decir que Jesús, un judío, no era responsable del Holocausto. ¿Quién sabe cuántas personas se habrán cuestionado ese falso vínculo entre Jesús y el Holocausto gracias a las valientes palabras del rabino?

El propósito de contar la verdad no es ofender, pero eso no significa que aquéllos propensos a dudar no se ofendan. Pablo lo dice mejor cuando escribe: “Porque nosotros somos la fragancia de Cristo al servicio de Dios, tanto entre los que se salvan, como entre los que se pierden: para éstos, aroma de muerte, que conduce a la muerte; para aquéllos, aroma de vida, que conduce a la Vida. ¿Y quién es capaz de cumplir semejante tarea?” (2 Corintios 2, 15-16) ¿Quién de hecho?

 

 

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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