¿Dónde estaba Dios?

DB

Escrito por David Brickner, Director Ejecutivo

Una de las preguntas más inquietantes que carcomen el límite de la conciencia judía es: “¿Dónde estaba Dios cuando murieron esas seis millones de personas?” El  horror del Holocausto, desde las imágenes desgarradoras hasta el espantoso número de masacrados, continúa atormentando la conciencia tanto de los judíos religiosos como de los seglares alrededor del mundo.

Las encuestas muestran que el mayor punto en común de la identidad judía tiene que ver con la tragedia de Shoah*. Pero a pesar de la infinidad de instituciones judías que investigan, registran y exploran la profundidad y el significado de este capítulo oscuro de la historia, la respuesta ante la pregunta “¿Dónde estaba Dios?” escapa a la mayoría de quienes la persiguen. Pese a los millones de libros y trabajos académicos, centenares de películas y un verdadero tesoro de representaciones artísticas, el Holocausto permanece como el gran enigma de la experiencia judía.

De manera trágica, muchos judíos llegaron a la conclusión de que el Holocausto nos enseñó que no hay un Dios, o peor, que si Él existe, es un monstruo o tiene una irrelevancia imponente. Desde Israel hasta América, el ateísmo y el agnosticismo judío superan a los judíos ortodoxos por mucho. No hay duda de que son muchos los factores que contribuyen a este hecho, pero desde luego el Holocausto es uno de ellos si es que no es el primero.

Quizá la mejor voz para esta angustia judía sea la de Eli Wiesel, un sobreviviente, erudito y prolífico autor. En “Noche”, su desoladora memoria, Wiesel cuenta la historia de una ejecución que él y los prisioneros estuvieron obligados a presenciar, en la cual sentaban a dos hombres y un muchacho en sillas, con la soga del verdugo alrededor de sus cuellos. A la señal de los guardias las sillas eran expulsadas hacia abajo de sus pies y las sogas se ajustaban de golpe. Los hombres murieron instantáneamente porque la caída les quebró el cuello. Pero el muchacho, pequeño y demacrado, se sacudía y jadeaba desesperado por respirar. Mientras la multitud ahogaba gritos de horror, Wiesel escuchó a alguien exclamar: “¿Dónde está Dios? ¿Dónde  está Dios?” En ese momento Wiesel se dio cuenta de que para él, Dios estaba muriendo en la imagen de aquel joven muchacho que luchó hasta el final por respirar. Era demasiado horrible imaginar que un Dios bondadoso pudiera permitir tanta maldad. Era más fácil decidir que Dios estaba muerto.

Siento una profunda empatía por aquéllos que padecieron estos horrores. Sin embargo la historia que relata Wiesel de manera tan conmovedora me conecta con una imagen y un significado diferentes. Cuando pienso en el muchacho que luchaba y moría entre esos dos hombres no puedo evitar visualizar a otro judío, Jesús, mientras él sufría y moría en la cruz en medio de dos ladrones**. Mientras la multitud se juntaba alrededor de esa escena en las afueras de Jerusalén, fue Jesús quien realizó la mordaz pregunta: “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?”

Aquí yace una perspectiva bíblica sobre la pregunta (o para algunos, la acusación) “¿Dónde está Dios cuando se cometen tales atrocidades?”

Jesús, el hijo de Dios, se hizo humano porque Dios quería identificarse con Su creación perdida, la que sufre. Él vivió una vida santa, inocente y pura, y luego por voluntad propia cargó sobre sí mismo el juicio de Dios por los pecados de toda la humanidad.  Ese juicio hizo que Dios se apartara en aquel momento del hijo que Él amaba. Jesús supo la respuesta de su propia pregunta en la cruz antes de habérsela preguntado. De hecho, la pregunta hace referencia al llanto del profeta rey David, quien predijo este evento en el Salmo 22.

Aquel momento en la historia, cuando Jesús estaba solo con el pecado del mundo, fue el acto central del poder redentor de Dios. “A aquél que no conoció el pecado, Dios lo trató por nosotros como un pecador, para que nosotros, por su medio, fuéramos inocentes ante Dios” (2 Cor. 5, 21). Debido a esta increíble verdad eterna, Él todavía está hoy presente en nuestro sufrimiento, para identificarse, sufrir y brindarle ayuda, esperanza y significado a aquéllos que todavía sufren.

Entonces, ¿dónde estaba Dios cuando murieron las seis millones de personas? Dios se estaba lamentando por los muertos, perseguidos y afligidos a causa de esos perseguidores cuyas mentes estaban revueltas por las ansias de poder. Dios estaba sufriendo junto con cada humillación y cada acto de violencia. La respuesta a esta pregunta no es rápida, tampoco es petulante ni satisfactoria. Es difícil de explicar y difícil de entender, pero tiene que ver con el amor que es realmente AMOR.

Dios creó a los seres humanos para que recibieran su amor y fueran capaces de dar amor a cambio. El amor siempre debe ser una elección. Dios nos hizo con el poder de elegir el amor, de elegir la humildad, la justicia y la paz… Pero en nuestro orgullo, la raza humana ha elegido ignorar el lugar que le corresponde a Dios, y algunas veces incluso ignorar su existencia. Esa elección nos lleva consistentemente a tomar otras malas decisiones, algunas más horribles que otras. Así nos volvemos víctimas de estas elecciones, ya sean propias, o como en el caso de los nazis, de otras personas.

Una serie de decisiones históricas permitieron que la maldad del Tercer Reich prosperara. Decisiones como mirar a otro lado, preocuparse muy poco por descubrir si los rumores de esas atrocidades eran reales, considerar la miseria del prójimo como algo que “no es mi problema”. Todas estas elecciones formaron parte de los horrores atroces. Como Caín, gran parte del mundo se encogió de hombros y replicó “¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?”. Dios se lamenta por las decisiones perversas de los seres humanos, pero Él nunca viola el derecho de las personas a decidir.

Entonces  nos preguntamos, ¿dónde estaba Dios? Él estuvo justo ahí todo el tiempo. Dios ha estado presente durante todo nuestro sufrimiento. Él estuvo en los vagones, en los guetos, en los campos de concentración. Sí, incluso en las duchas y los hornos. Creemos que como Dios estuvo presente con nosotros, también Jesús; y Él todavía hoy está allí identificándose con su pueblo que sufre.

Este año el Domingo de Resurrección cae 20 de abril, y una semana más tarde, el 27 de abril, es Yom Ha Shoah (Día de la Memoria del Holocausto). La proximidad de estas dos fechas nos recuerda el poder de la cruz para dar testimonio sobre las cuestiones más profundas de la vida. Jesús sufre junto a su pueblo y solo Él es capaz de levantar nuestros ojos para ver más allá del sufrimiento humano los grandes planes de un Dios cariñoso. Hay resurrección para aquéllos que claman por Él. Debemos creer esto y confiar en Él, y mostrar esta poderosa verdad a los demás con ternura. Aunque el Holocausto evoca la más oscura desesperanza incluso hacia lo más profundo de nuestro ser, Dios todavía tiene un mensaje de esperanza.

Nuestro pueblo judío necesita comprender que el horrible sufrimiento impuesto en la humanidad por el régimen nazi no es, tal como Hitler sugirió de manera insidiosa, fruto de las enseñanzas de Cristo. Por el contrario, Jesús no tenía miedo de entrar en el dolor y los sufrimientos de los demás para ofrecerles la esperanza de la vida con Dios. Al Dios de Israel le importaba lo suficiente como para enviar a “ese judío” –Jesús de Nazaret– para que muriera, voluntariamente, como expiación por nuestros pecados, tal como el profeta Isaías predijo.

Nosotros creemos que Yeshua resucitó, como Él mismo reveló que lo haría y como el Rey David también lo predijo siglos antes. Creemos que más allá de esta vida terrenal, Dios nos promete que la tristeza y las lágrimas cesarán para todos los que confíen en Él.

“…el llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría”. (Salmo 30, 5)

No hay mejor momento para encontrarse con las personas donde están y ofrecerles esa esperanza, esa alegría, esa increíble vida nueva en Jesús.

*En hebreo “catástrofe”

** Esto no quiere decir que los hombres de la historia de Wiesel fueran en modo alguno criminales; fue la ejecución de tres personas y en particular la inocencia del muchacho lo que me hizo recordar al Calvario.

Aquí hay un video que hicimos sobre el tema:

http://thatjewdiedforyou.com/es/

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Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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2 Respuestas

  1. Daniela dice:

    Siempre serví a Dios…experimenté su amor su perdon…
    Tengo una tia q vino a este mundo a sufrir.Hace años tiene diabetes de la mala.se dializa 4 hs.3 veces x semana…ha estado tantas veces cerca de la muerte…se le han practicado tantas intervenciones en su cuerpo q ya esta muy cansado de tanto dolor.hace 2 dias le cortaron la mitad del pie.Hoy esta en terapia. mal …hace años perdió su bb…se aferra al dolor ( no a esta vida) porq tanto sufri/ donde esta Dios? Pq tan injusto con ella? Siempre creí.10 a. De catequista.y hoy x primera vez.Dudo de que exista…por mas q lei mucho.no encuentro respuesta ¿donde esta su amor x esta criatura?

  2. Johnb635 dice:

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