Distopía: la Verdad Detrás de la Ficción

DBEscrito por David Brickner, Director Ejecutivo

La palabra distopía refiere a un lugar imaginario donde las personas llevan una vida deshumanizada y a menudo temerosa. Hollywood ha adaptado para la gran pantalla una serie de populares novelas distópicas, mostrando increíbles visiones de un futuro francamente espantoso.

En una América del Norte post-apocalíptica conocida como Panem, la trilogía de Los Juegos del Hambre nos introduce en un mundo de inmensa barbarie, donde niños que son seleccionados se ven obligados a participar hasta la muerte de una lucha anual al estilo de los gladiadores.

La película Divergente retrata un paisaje futurista de Chicago, triste y aislado del resto del mundo. La gente está cruelmente dividida en facciones culturales, basadas en rasgos de caracteres singularmente dominantes que extrañamente poseen, tales como “indomables” o “eruditos”.

La popularidad de los libros y películas como éstos plantea algunas interesantes preguntas para los seguidores de Jesús que deseen dar a conocer a Cristo. ¿Por qué la gente se siente atraída por esta clase de tan oscuras de visiones del futuro? ¿Será que detrás de estas historias de ficción pueda estar el cruel reconocimiento de la pesimista verdad acerca de la naturaleza humana?

Los males de estas sociedades distópicas son en realidad mucho más parecidos a la forma en que la Biblia describe el mundo real, de lo que a mucha gente gustaría saber.

Las historias distópicas pueden presentar oportunidades para discutir las malas noticias que siempre anteceden a las buenas.

La mayoría de los modernos admitirían que en este mundo nos vemos frente a enormes problemas, pero su esperanza es que a través del esfuerzo humano podamos hacer las cosas cada vez mejor. Los humanistas tienen fe en que la ciencia -en última instancia- podrá llevar esto a cabo. Otros ponen su fe en la política. Los progresistas insisten en que el gobierno es el medio para mejorar nuestra sociedad, mientras que los libertarios creen que sólo sucederá si el gobierno nos deja en paz y el libre mercado reina de manera suprema.

En el lenguaje de los judíos, este objetivo de construir un mundo mejor es conocido como Tikun Olam, la sanidad o la reparación del mundo. La antigua oración conocida como el Aleinu (que significa: “es nuestro deber”) reconoce que esto sólo podrá ocurrir cuando quede establecido en la Tierra el dominio soberano de Dios. Sin embargo, en la actualidad el foco de Tikun Olam parece estar en lo que los seres humanos podemos lograr a través de nuestros propios esfuerzos. Muchos cristianos han adoptado un punto de vista similar.

Hace poco asistí a una conferencia de líderes cristianos que hizo foco en “la adopción de medidas para promover el bien común”. La conferencia hizo hincapié en el hecho de trabajar para dar forma a la cultura, a fin de lograr la transformación. Esta visión común del mundo se basa en una aspiración utópica: la esperanza de que nuestros esfuerzos puedan traer el cielo a la Tierra.

Es correcto que hagamos las buenas obras que Dios nos pide que hagamos, pero también es justo reconocer la verdad de la visión del mundo que la Biblia nos presenta, como ser que las cosas están mal y que van a seguir empeorando. En lugar de esperar darle una forma significativa a nuestra cultura, tenemos que ser “contraculturales” en el mejor sentido de la palabra.

Quizás las historias como Juegos del Hambre y Divergente tienen su popularidad simplemente porque parecen coincidir con la dirección a la que intuitivamente todos sabemos que nos dirigimos; historias distópicas retratan de manera verosímil una verdad terrible de la cual la gente simplemente no puede apartar su mirada. Al mismo tiempo, estas historias retratan actos de heroísmo que son definitivamente contraculturales… y ofrecen la esperanza de que después de todo, el bien triunfe sobre el mal. Esto puede llevarnos a algunos grandes debates. Pero hay un gran desafío.

La mayoría de las personas no desean reconocer que las aterradoras posibilidades sugeridas por estas historias no surgen de una fuerza disruptiva extraña, sino desde las trágicas tendencias del corazón humano.

Si comprendemos ciertos miedos no expresados con los cuales la gente se identifica en la ficción, podremos mostrar que se basan en la realidad, podremos conectarlos a la verdad bíblica y finalmente podremos guiar a la gente hacia una esperanza que está más allá de lo que puede alcanzar cualquier capacidad humana.

Veo cuatro grandes tendencias oscuras en la sociedad que se alinean claramente con las descripciones bíblicas sobre el futuro de este mundo, características que se ven fácilmente en la cultura actual. Éstas son:

Lee estos cuatro pasajes de las Escrituras y fíjate si estás de acuerdo en que esta visión del futuro de nuestro planeta está en cierta medida expresada allí, y que su total cumplimiento parece asomarse rápidamente sobre nosotros.

La profecía de Pedro sobre el escarnio, que también podría traducirse como “burla”, describe una actitud cínica hacia la verdad y, en particular, hacia la verdad espiritual. El escarnio es una efusión de desprecio y de burla, y se utiliza a menudo para encubrir un sentimiento subyacente de vergüenza. Se intensifica en la medida en que las personas tratan de distraer la atención de sus propios malos comportamientos.

Nuestra cultura se ha vuelto intoxicada de cinismo hacia todos los que sostienen una norma -sea para bien o para mal- sobre el matrimonio y la moral, la honestidad y la justicia, o toda una serie de diferentes demandas éticas.

Del mismo modo, Pablo profetiza un mundo que se desintegra bajo el peso de narcisismo. Todas las características de las que Pablo habla en la descripción de “enamorados de sí mismos” emergen a partir de la autocontemplación egoísta de las personas que establecen sus normas en base a la pregunta: “¿En qué medida me afecta esto a mí?”, en lugar de buscar una medida objetiva y externa sobre lo bueno y lo malo.

En su libro La muerte de Carácter, James Davison Hunter sostiene: “Nosotros decimos que queremos una renovación de carácter en nuestros tiempos, pero no sabemos muy bien qué cosa pedimos. Una renovación de carácter implica tener una renovación en el orden de lo que creemos, la cual constriñe, limita, obliga y compromete. Este precio nos resulta demasiado alto para pagar. Queremos carácter, pero sin una convicción inflexible. Queremos una fuerte moralidad, pero sin la carga emocional de la culpa o la vergüenza. Queremos virtud, pero sin las justificaciones morales particulares que invariablemente ofenden. Queremos el bien sin tener que nombrar el mal. Queremos decencia sin la autoridad para insistir en ello. Queremos una comunidad moral sin ningún tipo de limitaciones a la libertad personal. En definitiva, queremos aquello que no podemos tener en los términos en que lo queremos”.

Del mismo modo, Pablo predice una disminución de la verdad en una tendencia hacia el relativismo: los deseos de la gente decidirán aquello en lo que creen, en lugar de permitir que aquello que creen sea lo que le dé forma a sus deseos. De este modo, “todo lo que me atrae debe ser verdad (para mí)”. Luego viene la misión de reclutar profesores que digan sólo lo que la gente quiere oír. ¿Cuántos de nosotros conocemos gente -incluso creyentes- que tienen esa visión de la verdad estilo cafetería?

Por último, cualquiera que piense que las cosas serán cada vez mejores en nuestro mundo, o bien no ha escuchado o no ha creído lo que Jesús dijo en el sermón de los Olivos. En una palabra, es un cataclismo, al cual Webster define como “una inundación, un diluvio, cualquier cambio violento que implique alteraciones súbitas y extensas, una conmoción, un problema social o político”.

Jesús habla de esperar un cataclismo geopolítico, religioso, económico, ecológico, sociológico y, por último, astronómico. Entonces, ¿qué es lo que debe hacer un cristiano esperanzado?

A pesar de que mostramos lo que la Biblia dice sobre nuestro mundo corrupto y corruptor, también podemos compartir con confianza la esperanza que las Escrituras también dan. El futuro “distópico” al que nos enfrentamos, finalmente dará lugar al dominio del Mesías Jesús. Él corregirá todos los males y sanará verdaderamente al mundo con su poder divino.

Las historias distópicas pueden darnos oportunidades para discutir las malas noticias que siempre preceden a las buenas. A pesar de que se desintegre el mundo real que nos rodea, si creemos y confiamos en Jesús, Él promete estar con nosotros y fortalecernos. Él nos va a entregar y nos conducirá hacia un futuro hermoso y brillante, donde la Tierra estará colmada del conocimiento del Señor, así como las aguas cubren el mar (Habacuc 2:14).

 

 

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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4 Respuestas

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