Noticias de las Ramas

3705231005_b4a7b505c5_zSan Francisco

Jeremiah Zaretsky informa, “No hace mucho tiempo, Rich Robinson (nuestro pasante) me reenvió un email de un hombre cuya hija estaba por comprometerse con un joven judío llamado Sam*. El futuro suegro había observado a Sam mientras  avanzaba el tiempo, leyendo Isaías 53, 1-12 con él y llevándolo a él y a su hija a la iglesia. Sin embargo, él sabía que Judíos para Jesús podría responder las preguntas de Sam de una manera que él no podía.

“Sam había crecido en un hogar de judíos ortodoxos, pero su fascinación por Jesús comenzó cuando tenía dieciséis. A él le habían hablado de Jesús como un “Poder superior” a través de Alcohólicos Anónimos. Pero recién cuando tuvo que cumplir una pena de prisión fue cuando empezó a leer la Biblia. Se dio cuenta de su pecado y su necesidad de un Salvador. ¡Dios estaba trabajando en la vida de Sam!

“Tuve dos conversaciones profundas con Sam por teléfono, ya que vive en otro estado. Después de que le expliqué con claridad el Evangelio, la fe y la salvación, Sam estaba listo para depositar su confianza en Jesús. Compartí con él Lucas 15,7: ‘Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse’. Después le dije: “Hay una fiesta en el cielo por ti, Sam”. Estaba tan emocionado después de nuestra conversación que llamó a su suegro y le dijo: “Bueno, supongo que los ángeles se están regocijando!’ Me comuniqué con un pastor de una iglesia cercana a la casa de Sam y me prometió seguir acompañándolo. Por favor, recen por el crecimiento espiritual de Sam y para que la semilla del Evangelio caiga en tierra buena y dé muchos frutos”.

Editor: ¿Se acuerdan de las “Tres abuelas judías” de Jeremías de la edición de enero? Aquí hay un “bonus” acerca de su ministerio continuo con una de las abuelas.

Aquél que comenzó en ustedes la buena obra la irá completando hasta el Día de Cristo Jesús -Filipenses 1,6. Este versículo lo cita con frecuencia un creyente a otro para animarlo en su camino de fe. Sin embargo, creo que las implicaciones de este versículo pueden aplicarse a aquellos buscadores que acaban de comenzar el camino.

El año pasado, mi colega Shannon Fischer, que trabaja en nuestra sede central, me presentó a Deborah*. Ella era la dama Reforma de 91 años, una de las tres bubbies judías (yiddish para la abuelas) que visitó la casa de Shannon para ver el DVD de Historias de sobrevivientes y tener un debate después.

Pocas semanas después de encontrarme con Deborah, la vi de nuevo, esta vez en nuestra cena de Shabbat en la Casa de la Hospitalidad de Judíos para Jesús, donde una comunidad de jóvenes judíos creyentes han estado viviendo. Shannon entró con Deborah y yo me alegré mucho de verla. Éste fue el primer Shabbat para Deborah, ¡y lo celebró con un grupo de jóvenes judíos mesiánicos! A Deborah le encantó la experiencia y dijo cuánto disfrutó de la gente.

Tuve una buena conversación con ella al final de la noche. Me contó que a su hija le habían diagnosticado cáncer de esófago, así que era entendible que tuviera muchas preguntas: “¿Por qué Dios permitiría esto? ¿Por qué yo iba a estar vieja y sana cuando mi hija es joven y está enferma?”

Esa noche, mientras compartía con Deborah la esperanza de la resurrección, sentí que Dios continuaba el trabajo que había empezado en ella. Dios comenzó el trabajo y será Él quien lo continuará, para seguir moldeando, formando y construyendo. Frecuentemente el trabajo de Dios es lento y constante. Lo que vi esa noche fue a Dios construyendo un deseo espiritual en Deborah.

Un tiempo después pensé que podría arriesgarme y llamar a Deborah para ver si estaría dispuesta a encontrarse conmigo. Para mi sorpresa y deleite, Deborah sí lo estaba. La pasé a buscar de su trabajo voluntario en el hospital y la llevé a su casa, ahorrándole un viaje de dos horas en tren. Ya en su casa, Deborah me ofreció algunas galletas y tomamos asiento en el sofá de la sala. Me había enterado por Shannon justo antes de nuestra reunión, que la hija de Deborah había fallecido. Quería mostrarme sensible a sus necesidades.

Lo que sucedió fue un estudio de la Biblia, del libro de Jeremías. Le dije a Deborah que Dios de verdad tenía grandes planes de esperanza y un futuro para ella (sacado de Jeremías 29,11). “Básicamente”, le dije, “ese futuro y esa esperanza se fundan en Dios y al tener nuestros corazones transformados por Él a través del Nuevo Testamento en Jeremías 31”.

Compartí mi corazón. La desafié y animé con cada fibra de mi ser con el deseo de verla salvada. Al final de todo, Deborah me dijo: “Aprecio lo que estás tratando de hacer. Pero he vivido 91 años creyendo lo mismo y no voy a cambiar ahora. No puedo creer de la misma manera que tú”. No había mucho más que pudiera decir.

No hemos visto el final de la historia. Deborah, como todos nosotros, es un trabajo en proceso. Dios empezó un buen trabajo en Deborah y creo que lo continuará hasta que esté completo. No sé cuándo, no sé cómo, pero sé que Él es capaz y que está a cargo, y estoy seguro de ello.

*No es su nombre real

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Victoria Negrimovskaya nos cuenta: “¡No se preocupen! ¡No me iré al infierno! ¡Ayudo a todos, incluso a los que no tienen hogar! ¡Así que no necesito a Jesús!’ Así era como Sophia respondía al Evangelio cuando la conocí. Ella es el típico caso de muchas personas convencidas de que pueden conseguir la salvación a través de sus buenas acciones. Sophia se enfocaba principalmente en su negocio y en incrementar sus beneficios. A pesar de su ocupada agenda y de su creencia de que no necesitaba el Evangelio, Sophia nunca se negó a reunirse conmigo.

Los años pasaron y poco a poco Sophia empezó a entender lo que había tratado de decirle desde el principio. Regresó a Dios de manera absolutamente decidida, dándose cuenta de su culpabilidad ante Él, y pidiéndole a Jesús que guiara su vida. Poco después de esto me dijo: “Cerré mi negocio. Y sabes, empecé a sentirme mucho más relajada”. Ella se rió, feliz por la renovación que recibió en Jesús.

Poco después, Sophia me contó acerca de su querida sobrina, Lera, quien vino de Israel para someterse a un tratamiento por alcoholismo. Me preguntó podría hablar con ella. Tuvimos una agradable conversación, durante la cual Lera rezó para arrepentirse y recibir a Jesús. Sophia y yo nos comprometimos a conservar a Lera en nuestras oraciones.

Después de que Sophia fue bautizada, empezó a estudiar las Sagradas Escrituras aún más, y éstas se volvieron cada vez más centrales para ella. Nuestras visitas son absolutamente diferentes a las que teníamos cuando apenas nos conocimos. Cada vez que la veo, me alegro cuando me cuenta de su vida con Jesús. Ella está continuamente ofreciéndose para rezar con las personas que conoce, y no le da vergüenza sentirse identificada como una Judía para Jesús. 

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Dina Markova nos cuenta: De vez en cuando llamo a personas judías que alguna vez nos dieron sus números de teléfono, pero que aparentemente han perdido interés en saber más acerca de Jesús. En caso de que me digan “¡Jesús no es para los judíos, no me llames de nuevo!”, tengo otras respuestas como: “¿Qué piensas acerca del Mesías de Israel?”, o bien “¿Te gustaría que nos fijáramos en lo que dice la Torá y los profetas acerca de Jesús?”. Y a veces, una puerta cerrada empieza a abrirse.

Eso fue lo que pasó con Nelya, quien respondió por teléfono que no quería oír hablar acerca de Jesús. Pero cuando le pregunté sobre su actitud hacia la Torá, demostró interés. Le ofrecí un calendario judío (Edición Mesiánica) con el plan de leer semanalmente capítulos de la Torá. Ella se abrió a nosotros al leer esos capítulos juntos. Nos encontramos para leer juntas los pasajes tradicionales, lo que llevó a que conversáramos acerca de la Biblia, y cuando le sugerí que leyéramos la profecía completa sobre Jesús, Nelya estuvo de acuerdo. Su absoluto desinterés y desconfianza se habían convertido en pasado.

Durante otra llamada telefónica, hablé con Arkady, a quien no había llamado durante mucho tiempo. Él dijo: “Ha habido muchos mesías. Ustedes creen en Jesús, pero eso no es judío”. Entonces le pregunté si sería judío invitarlo a él y a su esposa Mila para charlar sobre el Mesías a la luz del capítulo semanal de la Torá. Él aceptó, y los dos leyeron Éxodo 10,1–13,16, como preparación antes de encontrarse conmigo. Mientras discutíamos sobre ese capítulo, concordamos en que hablaba acerca de la salvación de los judíos primogénitos y de la salvación de todo el pueblo judío gracias al signo, la sangre del cordero sobre las puertas. Arkady y Mila estuvieron de acuerdo en que el cordero era un sacrificio. Yo señalé que Dios estaba mostrando que la salvación tiene lugar mediante el sacrificio.

Después hablamos de partes de la haftorá (de los profetas) que revelan y complementan el significado de un capítulo de la Torá. Ese capítulo de la haftorá era de Jeremías 46,13-28, pero yo les expliqué que también hay una haftorá “secreta”, en Isaías 53, que no se lee como parte del ciclo de lectura judío. Le ofrecí a Mila que leyera Isaías 53, y les pregunté a ambos de quién creían que hablaba ese capítulo.

Mila dijo: “¿Quieres decir que ése es Jesús?”. Yo le contesté: “Había rabinos que no dudaban que era acerca del Mesías. Eso es sobre el verdadero sacrificio, el verdadero cordero”. Les pregunté: “¿Qué piensan de Jesús ahora?”. Arkady contestó: “Si hay algo ‘secreto’, significa que no quieren hablar de eso, y si ése es el caso, se plantea una pregunta en mi mente. ¿Quizá Jesús es realmente el Mesías de Israel?”

No podemos forzar a la gente a que se interese por el Evangelio… Pero algunas veces, si no nos rendimos con aquellos que dijeron que no querían oír sobre Jesús, puede que después de todo estén interesados.

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Larissa Savelieva nos informa. Seguimos visitando a la gente que nos dio su información de contacto durante la campaña en Moscú, en septiembre pasado. Justo después de una visita a un nombre llamado Adolf, él me advirtió, como disculpándose, que tenía “una casa llena de personas”. Su esposa, que había fallecido, era Tartar, y muchos parientes musulmanes de su lado estaban visitando la familia. Cuando llegué, hablamos un poco, pero me di cuenta de que Adolf estaba ansioso, no se podía concentrar y parecía que la visita no se podría llevar a cabo.

Yo recé, y de repente Adolf me sugirió que fuéramos al edificio al lado del suyo para ver a una mujer judía cuyo difunto esposo había sido su amigo. Fuimos, y Adolf me presentó a Sophia. Saqué mi Biblia y compartí un poco mi testimonio. Sophia escuchaba y asentía. Y Adolf se relajó y escuchó atentamente, así que tuve la oportunidad de explicarles el Evangelio.

Resultó que el esposo de Sophia había sido un judío encontramos aquí para compartir un poco y estudiar la Biblia?”. Adolf y Sophia estuvieron de acuerdo con la idea.

En la misma calle, pero en otro edificio, visité a otra mujer judía llamada Irina. Era una visita de paso, ya que nos había dado su dirección pero no su número de teléfono. Cuando toqué el timbre, Irina abrió la puerta y de inmediato dijo: “Si es sobre religión, no voy a hablar”. “No se trata de religión, se trata de relaciones”, le contesté. Cuando me presenté, Irina me dio la espalda. Le dije: “Irina, es una lástima que me des la espalda. Pero es mucho más importante que no le demos la espalda a Aquél que nos creó y que murió por nosotros”. Cuando Irina escuchó eso, me dejó entrar. Fuimos a la cocina. Abrí la Biblia y compartí el Evangelio y cómo se relaciona con la Pascua judía. Irina escuchó con atención.

Descubrí que la primera reacción de Irina frente a la muerte de su hijo era el enojo con Dios. Ese interminable dolor de la pérdida, su soledad y un sentimiento de vulnerabilidad, habían endurecido su corazón. Pero ahora espero que pueda juntarse con Adolf, Sophia y yo para estudiar la Biblia juntos en la casa de Sophia.

*no es su nombre verdadero

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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