Comparte La Alegría

photo (37)Lo siguiente fue escrito por Dmitry, nuestro misionero “en alguna parte de Bielorrusia”. Él está dando su ministerio en un lugar donde las personas pueden ser encarceladas por compartir el Evangelio en público. Sin embargo, es un lugar donde muchas personas, incluyendo a los judíos, tienen hambre de conocer al Señor.

La alegría es un don de Dios y, como con todos los otros dones espirituales, puede ser experimentada en circunstancias extraordinariamente difíciles. La alegría tiene su fuente en Dios y “fluye de Él”. La plenitud de la alegría llega en los momentos en que reconocemos de un modo profundo la presencia de Dios.

La alegría no es una emoción pasajera ni incluso una consecuencia ocasional de la fe, sino una parte integral de nuestra relación con Dios. Viene cuando sabemos que estamos donde Dios quiere, haciendo lo que Él nos ha confiado. Esto en sí mismo trae alegría, pero más aún cuando Dios produce frutos de nuestros esfuerzos y nos deja verlos. Sin embargo, muchas circunstancias son en sí mismas menos alegres.

Hace dos años, comencé a brindar ministerio a un hombre judío llamado Anatoliy. Lo conocí cuando estaba haciendo “visitas de caída”. Él era una de las tantas personas que figuraban en nuestra base de datos antes de mudarme aquí… gente que conocimos durante nuestras salidas de años atrás. Al mudarme aquí no tenía ni idea de quién estaría todavía interesado y quién no. Cuando llamé a la puerta de Anatoliy, él estaba dispuesto a reunirse conmigo… pero dejó en claro que era ateo y que no debía esperar cambios.

Durante un año y medio me reuní con él de forma periódica. Leíamos la Biblia juntos y discutíamos sobre los temas del pecado, la salvación y el Salvador. Pero en todo momento se me aparecía como un muro inaccesible. Cada uno de mis intentos por llamar a la puerta de su corazón pareció fallar. Solía responderme: “A mí me enseñaron los ideales del comunismo toda mi vida y siempre he sido miembro del Partido Comunista. Eres bienvenido a perder tu tiempo en mí, pero yo estoy muy firme en mis creencias”.

Y así fue que decidí dejar a Anatoliy durante seis meses, durante los cuales no intenté visitarlo. Recé para que la semilla de la Palabra de Dios sembrada en él hiciera su trabajo. Luego lo invité a nuestra celebración de Rosh Hashaná. Dijo que iba a venir, pero me resistía a creerle porque había ignorado todas mis anteriores invitaciones. Pero esta vez vino… y respondió al llamado del altar. Comenzó a asistir a los “cursos de fe” con regularidad y ahora es un creyente comprometido.

¡Dios me regaló tanta alegría con este querido hermano! Nunca olvidaré sus palabras: “Estoy agradecido a Dios por ti. ¡Te agradezco por tu persistencia para contarme la verdad acerca de Él! ¡Y además eres mi padrino en mi camino hacia la fe!”

Sólo podemos hacer de la mejor manera que nos salga la obra que Dios nos ha confiado, sabiendo que es el Espíritu Santo el encargado de realizar la tarea. ¡Entonces el Señor seguramente nos enviará su alegría al ver el fruto de la semilla que sembramos!

 

 

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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