Buenas Noticias en el Yom Kipur

DB

escrito por David Brickner, Director Ejecutivo

Al atardecer del 3 de octubre comienza el día más sagrado del calendario judío: Yom Kipur, el Día de la Expiación. Es el momento de buscar el perdón de Dios por todos nuestros pecados durante el último año. Los que observan esa fecha ayunarán desde un atardecer hasta el siguiente, muchos de ellos asistiendo a tres diferentes servicios de la sinagoga durante todo el día y la noche.

Una pregunta instalada en muchos corazones y muchas mentes es si Dios realmente existe, y mucho más si nos escucha y responde. Incluso el concepto de pecado -al margen de los grandes delitos que la mayoría de las personas no cometen- es a menudo un punto de confusión.

Dentro de la liturgia de los servicios, hay una oración -a menudo entonada por el cantor o por un coro-, que es la que abre la ventana bíblica del entendimiento hacia lo que parece un misterio inescrutable para muchos judíos. La canción, llamada “Mi Chamocha,” o “¿Quién es como tú?”, plantea una pregunta hecha por Moisés en Éxodo 15:11 , así como por el profeta en Miqueas 7:18.

La pregunta “¿Quién es un Dios como tú?” es retórica. No estamos buscando comparar a otros con Él, sino fijar nuestra atención en Él, para entender su singularidad y su grandeza.

Ésta fue de por vida una pasión para el profeta Miqueas, cuyo nombre significa “el que es como el Señor”. El nombre del profeta era un recordatorio constante de su pasión por Dios y su búsqueda para conocerlo más profundamente. No existe búsqueda mayor porque no hay nadie más grande que Dios, tal como lo ilustran tan bellamente el profeta y la oración:

-¿Qué Dios como tú
perdona el pecado
y absuelve la culpa al resto de su herencia?
No mantendrá siempre la ira,
porque ama la misericordia;
Él volverá a compadecerse,
destruirá nuestras culpas,
arrojará al fondo del mar
todos nuestros pecados.
Así serás fiel a Jacob
y leal a Abrahán,
como lo prometiste en el pasado
a nuestros padres”. ( Miqueas 7:18 -20 )

El himno de alabanza de cierre de Miqueas se refleja de nuevo en la anterior “Mi Chamocha”, el cántico de Moisés en Éxodo 15, que hace hincapié en el poder y la fuerza de Dios. Este cuadro señala la singularidad del perdón, la misericordia y la gracia de Dios, tanto en términos de quién es Él y como de qué hará Él.

De hecho, a muchas personas les resulta difícil el perdón, pero esto no pasa con Dios. Es la natural manifestación exterior de su naturaleza. Es parte de su carácter. Saber que Dios quiere perdonar nuestros pecados es una poderosa verdad que puede liberarnos de la esclavitud del miedo y de toda una serie de otros dolores y tristezas.

Pero ese perdón viene en el contexto de una relación personal específica con Dios. Miqueas nos dice que el perdón que se extiende es el “remanente de su herencia”. Israel es la herencia de Dios. Pertenecen a Él, pero se han alejado de Él. Sólo un remanente de su herencia está dispuesta a reconocer su pecado y a aceptar las condiciones de Dios para la expiación, y ellos son los que reciben su misericordia y su perdón. El Evangelio de Juan nos dice: “Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a los que la recibieron, a los que creen en ella, los hizo capaces de ser hijos de Dios: ellos no han nacido de la sangre ni del deseo de la carne, ni del deseo del hombre, sino que fueron engendrados por Dios”. (Juan 1:11 -13 ).

Es tan importante saber lo que Dios ha prometido. De lo contrario, vivimos con nociones equivocadas sobre quién es Dios y que hará o dejará de hacer.

Como sucede con Israel, lo mismo ocurre con el resto de la humanidad. Dios perdonará a los que se arrepientan y recibirán el perdón bajo sus términos.

El hecho es que Dios es un apasionado. Él se enojó por el pecado y la rebelión. Pero no es su intención seguir enojado. En realidad Dios se deleita y se complace en la misericordia y ha pensado una manera de hacerlo sin que se afecte su Justicia. Entonces, cuando suplicamos la misericordia de Dios no estamos pugnando por convencer a Dios de sostener a regañadientes su mano. Más bien, estamos reconociendo y exhortando a este maravilloso aspecto de su forma de ser. ¿Qué más podemos saber acerca de cómo es Dios?

Él volverá a tener misericordia de nosotros; en hebreo, “Yashuv yerachamenu”. Él volverá a su rajamim, su gracia para nosotros. La raíz de la palabra hebrea “rejem” significa “el vientre de una madre”. El amor de Dios es como el amor que una madre siente por el hijo de sus entrañas.

El perdón del Señor no se limita a levantar el peso de la culpa y del pecado, que nos otorgan la plenitud de la bendición de Dios, las riquezas de su amor y de los recursos de su bondad. Sin esos recursos somos recipientes vacíos sin mucho para dar. Pero una vez que recibimos sus “rajmones”, nos vemos desbordados con la fuerza espiritual y la satisfacción que puede bendecir a los demás y cambiar el mundo en que vivimos.

Miqueas también señala que nuestro Dios misericordioso habrá de derrotar al pecado. Ésta es una promesa de gran alcance, mencionada en muchos libros de la Biblia. Dios librará una guerra contra el pecado y lo derrotará tan ciertamente como Él derrotó a los ejércitos de Faraón. Él promete pisar el pecado bajo sus pies y lanzar todos nuestros pecados a las profundidades del mar. ¡Qué maravillosa imagen!

¿Debemos considerar el pecado como nuestro enemigo? Si vamos todo el camino de vuelta hasta la historia de Caín y Abel, Dios le advirtió a Caín sobre su peor enemigo: “El pecado acecha a la puerta de tu casa para someterte” ( Génesis 4: 7b ). Lo mismo pasa con nosotros: el pecado es una enfermedad vil y rapaz, que amenaza con precipitarnos hacia un abismo de oscuridad y desesperación. Sin embargo, ¿cuántas veces cedemos ante su potente deseo?

Pero aquí está la maravilla de todo esto. Dios no nos deja solos para luchar contra ese pecado que nos envolverá. El pecado es el enemigo de Dios y Él ha prometido derrotarlo. Yo creo que Dios ha hecho esto a nivel personal en relación a todos los que confían Yeshua, Jesús, el Mesías. “A aquél que no conoció el pecado, por nosotros Dios lo trató como a un pecador, para que nosotros, por medio de él, fuéramos inocentes ante Dios”. (2 Corintios 5:21 ).

Jesús murió en lugar nuestro. Él derramó su sangre para pagar la pena por nuestros pecados. Él ha derrotado el poder del pecado. Pero un día Él también desterrará para siempre la presencia del pecado. Yo tengo ganas de que llegue ese día, ¿tú también? Pero, ¿realmente sucederá?

Bueno, sí sucederá porque nuestro Dios mantiene sus promesas. Miqueas termina su himno reflexionando sobre este hecho. Es tan importante saber lo que Dios ha prometido. De lo contrario, vivimos con nociones equivocadas sobre quién es Dios y lo que Él hará o dejará de hacer. O peor aún: sólo fingiremos que Él no existe en absoluto. Qué triste y qué tonto. Y sin embargo, así es como vive la mayoría de la gente, tanto judíos como gentiles.

Mi corazón se retuerce en especial por mi propio pueblo judío; muchos se sentarán este mes en la sinagoga sin una pizca de entendimiento acerca de quién es Dios y lo que está ofreciendo. Ese hecho desgarrador me impulsa y me obliga -a mí y a todos los colegas de Judíos para Jesús- a ser sus testigos para que nuestro pueblo oiga: “La buena noticia en este Yom Kipur es esto. Dios está dispuesto a amarte, a perdonarte, a limpiarte y a sanarte. Y Él lo hace todo en la persona de su Hijo, el Mesías”. Por favor, oren con nosotros y por nosotros, para que en los próximos días las semillas del Evangelio que estamos plantando penetren y crezcan en los corazones de muchas personas judías.

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

Podría también gustarte...