¿A Quién Puedo Acudir?

¿Dónde acudir?

por Joshua Turnil

Josh TurnilHace un par de años, Josette estaba buscando algo más de lo que la tradición judía ortodoxa le había ofrecido. Comenzó una búsqueda en Internet, y se le aparecieron muchas opciones diferentes, incluyendo "Judíos para Jesús". Fascinada, tomó el teléfono para llamarnos, pero colgó cuando alguien en el otro extremo dijo: "Shalom, Judíos para Jesús."

Un par de años más tarde, Hélène, la hija de Josette, se encontraba en el hospital, muriendo de cáncer. Josette no sabía a dónde acudir, y se acordó de Judíos para Jesús. De nuevo levantó el teléfono, pero esta vez no colgó. Yo recibí la llamada preguntándome si me gustaría visitar Hélène. Le pedí a mi esposa Delphine que rezara para que Hélène se encontrara despierta, y a los 15 minutos ya me hallaba camino al hospital. Al llegar no sólo encontré a Hélène consciente, sino que me miraba a mí. Me presenté y le expliqué por qué estaba allí:

 "En pocos minutos voy a salir de esta habitación. Cruzaré la puerta, giraré a la izquierda, tomaré el ascensor hasta el garaje, subiré a mi coche y regresaré a casa. Pronto tú también saldrás de esta habitación. ¿Sabes a dónde irás? Tú PUEDES saberlo". Entonces le expliqué el Evangelio y la invité a repetir la oración de arrepentimiento y salvación. Ella se esforzó para lograr hablar, pero claramente había comprendido e hizo el esfuerzo para repetir la oración. Al final, reunió todas sus fuerzas y emitió un sonoro "¡Amén!" Agregué una oración y una bendición más, y cuando ya me preparaba para salir, volvió a hacer otro gran esfuerzo y levantó la mano. Ni bien le entregué la mía, ella la apretó con fuerza.

A la semana siguiente, Josette concurió a nuestro evento de Jánuca. Durante la noche, escuchó el Evangelio e hizo varias preguntas. Esa misma noche, ella también oró para recibir a Cristo en su corazón. Pero hay algo más.

Si no fuera por la guía del Espíritu de Dios, no podría explicar qué fue lo que me impulsó a recomendar a Josette una iglesia en particular con la que yo había tenido muy poco contacto. Cuando llamé al pastor y le expliqué la situación de Josette, me mencionó una mujer a la que Josette quería conocer. Irène, una docente jubilada, había conocido y amado a muchos de sus alumnos judíos y con frecuencia oraba por su salvación.

Cuando Josette y yo llegamos a la iglesia, nos recibieron en la puerta el pastor, su esposa y una mujer mayor.

Josette susurró: "¡Conozco a esa mujer!" Las dos se abrazaron y lloraron. El pastor y yo nos miramos perplejos. ¡Más tarde supimos que Irene había sido maestra de todos los hijos de Josette cuando eran niños! Ni bien Irene la vio, se dio cuenta de que la pequeña Hélène a la que ella tanto apreciaba de niña, estaba muriendo en el hospital. Después del servicio de adoración, ella e Irène pasaron el día juntas. Josette está en buenas manos con esta congregación.

Mientras tanto, cuando la familia ya comenzaba a prepararse para la muerte de Hélène, su madre me pidió que oficiara en el funeral. Hubo otros miembros de la familia que se opusieron, pese a que habían visto un cambio en Hélène. De hecho, su padre le dijo Josette: "¡Se la ve luminosa! ¿Qué le ha sucedido?" ¿Qué le había sucedido? Dios trajo a la vida eterna a una mujer en su lecho de muerte. ¡Alabanzas a Dios que puede traer la vida de entre los muertos! Pero hay más.

Yo estaba viajando en avión hacia EEUU para una reunión de liderazgo de Judíos para Jesús, cuando me llegó la llamada contándome que Hélène se había marchado pacíficamente hacia la presencia del Señor. Me sentía desgarrado por no hallarme junto a la familia, aunque estaba seguro de que no me hubieran permitido oficiar el funeral. Sin embargo, el día que regresé a casa, otro mensaje me esperaba. El funeral había sido postergado, y el rabino se había echado atrás para oficiar. Incluso tal vez hubiera oído que Hélène se había estado acercando a Judíos para Jesús. Josette no estaba segura sobre adónde acudir. Tuve el tiempo justo para llegar a casa, darme una ducha y llegar al lugar del entierro, donde se me permitió llevar a cabo el servicio, después de todo. Canté la liturgia habitual y las oraciones. En ese momento, mientras yo hablaba sobre el cambio dramático experimentado por Hélène que la había conducido a su paz, las cabezas asentían, y entonces tuve la oportunidad de hacer una presentación clara del Evangelio. Por favor, conserva a esta familia en tus oraciones, para que Dios continúe su obra en sus corazones.

 

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