¿Por Qué Tanto Alboroto? por David Brickner

DB

Escrito por David Brickner, Director Ejecutivo

¿Se puede creer en Jesús y seguir siendo judíos?

¿Por qué insisten en llamarse sí mismos Judíos para Jesús? ¿Por qué no se llaman simplemente “cristianos”?” No puedo contar la cantidad de veces que mis parientes que no pueden ver a Jesús para los judíos me han hecho esta pregunta. Pero también escucho esa pregunta de parte de cristianos. Tal vez incluso te la hayas preguntado tú mismo. Al fin y al cabo, somos todos uno en Cristo. ¿Acaso no enseña la Biblia que no hay “ni judío, ni gentil, ni hombre ni mujer”? ¿Por qué tanto alboroto?

Algunos pueden interpretar la importancia que le damos a nuestra identidad judía como un desmesurado orgullo por nuestra etnia, como una actitud de superioridad que no debiera tener lugar en el cuerpo de Cristo. Yo creo que es algo adecuado para varios grupos de personas que valoran su patrimonio y sus antecedentes familiares, y que tal apreciación no corresponde realmente a un tipo de sentimiento de superioridad. Pero me gustaría añadir: esta no es la base del “alboroto”. Realmente creo que nuestra insistencia en la identidad judía está arraigada y cimentada en el plan de Dios para todas las personas. Y quiero que pienses conmigo sobre la importancia teológica y misionológica de este controvertido tema.

Cuando Dios llamó a Abraham a una relación de alianza, Él prometió que su alianza sería eterna, y Él afirma claramente que Abraham y sus descendientes serían los medios para que todas las familias de la Tierra fueran bendecidas. Dios cumplió esta promesa entregando por un lado las Escrituras y por el otro la Palabra hecha carne -nuestro Mesías Jesús- a través del pueblo judío. Pero Él entregó algo más a través de la gente judía: la esperanza. La permanencia de nuestro existir frente a los repetidos intentos de quienes buscaban destruirnos evidencia la incontrovertible fidelidad de Dios. Si Dios ha sido fiel para preservar al pueblo judío, entonces todas las personas pueden confiar en su poder de mantener su inquebrantable promesa. Dios ha apostado toda su grandeza en la perpetuidad del pueblo judío.

Pero aunque el pueblo judío ha traído bendición al mundo, la mayoría de los descendientes de Abraham aún no la han recibido para sí mismos: el cumplimiento de la mayor bendición de Dios que es Jesús. Este fue un problema candente para la iglesia primitiva. El apóstol Pablo les dedicó tres capítulos completos de su carta a los cristianos de Roma para explicar cómo esta incredulidad era parte del plan continuo de Dios y de la promesa de bendición para todos. Pablo expresó su amor por el pueblo judío, la pasión por verlos salvados, y explicó las razones de su carácter especial:

 Hasta desearía yo mismo ser aborrecido de Dios y separado de Cristo si así pudiera favorecer a mis hermanos, los de mi linaje. Ellos son israelitas, adoptados como hijos de Dios, tienen su presencia, las alianzas, la ley, el culto, las promesas, los patriarcas; de su linaje carnal desciende Cristo, Dios bendito para siempre, que está sobre todo. Amén. (Romanos 9: 3-5)

Pablo se identificó a sí mismo y a todos los demás judíos que habían creído en Jesús como “un remanente” (Romanos 11: 5). Un remanente es una pequeña cantidad, restante. Si no se lo puede ver, no es un remanente. En los tiempos de Pablo, este cuerpo visible y tangible de Judíos para Jesús era evidencia de la fidelidad de Dios por llevar a los judíos a la salvación por medio de Cristo, como lo sigue siendo hoy. Este remanente de judíos que creen en Jesús sigue confirmando el plan de Dios para salvar a la nación de Israel y al mundo entero. Ésa es una buena razón para “todo el alboroto”.

Imagínate si no hubiera hoy judíos que creyeran en Jesús. ¿Ello qué nos diría sobre si los planes, promesas y propósitos de Dios son todavía buenos y verdaderos, no sólo para los judíos sino también para la bendición del mundo entero? Pero Dios ha preservado el remanente de judíos que creen en Jesús hasta nuestros días. No se ha olvidado de que somos judíos, y tampoco debemos hacerlo nosotros. Somos parte de la estrategia de sus misiones en todo el mundo.

Como ves, si Dios quiere bendecir a todas las personas a través del pueblo judío, y si el último estado de bendición  para los judíos y para todos los demás viene por la fe en Jesucristo, entonces debe ser parte del plan de Dios seguir llevando el Evangelio a los judíos hasta el día de su salvación. Es por eso que Pablo insistió en su pasión por la salvación de ellos, a pesar de que era un apóstol para los gentiles. Pablo estaba convencido de que la gran bendición estaba en ver a su propia gente viniendo a Cristo, y argumentó intensamente diciendo que ésta era también la misión de toda la iglesia. No importa qué otros muchos intereses y estrategias tuviera Pablo; la salvación del pueblo judío siguió siendo una prioridad. Y si la Iglesia cree lo que Pablo escribió en aquel entonces, la evangelización de los judíos sigue siendo en la actualidad parte muy importante de la misión de toda la iglesia.

Dios ha apostado su renombre en la perpetuidad del pueblo judío.

Ahí es donde Judíos para Jesús entra en juego. La evangelización de los judíos es nuestra prioridad número uno. También hacemos nuestro mejor esfuerzo por mantener esta prioridad como parte vital y vibrante de la misión de la iglesia. Pero todos estamos frente a un problema muy grande. El argumento principal en contra de Jesús en la comunidad judía de hoy es que los que creen en Jesús ya no puede ser considerados judíos. Por lo tanto, si todos los judíos creyeran en Jesús, ya no quedaría nadie de la especie judía, y sería como un “holocausto espiritual”. Por supuesto que esto es falso, y de hecho se trata de una mentira desde el abismo del infierno. Y, como con muchas mentiras, los que la creen están atrapados en un razonamiento circular: si a un judío que cree en Jesús se le dice que ya no puede considerarse judío, entonces creer en Jesús pone en peligro la existencia judía. Esto crea una dicotomía falsa que aún hoy se perpetúa a sí misma y todavía es aceptada y promulgada.

Si nos volvemos a los primeros tiempos de Judíos para Jesús, esa creencia parecía estar instalada universalmente dentro de la comunidad judía: no se puede ser judío y creer en Jesús. Por la gracia de Dios hemos desafiado y erosionado esta falsedad por ser visibles, vulnerables y disponibles para demostrar que los judíos pueden ser para Jesús. En una reciente encuesta de Pew sobre la práctica judía en Estados Unidos, el 34% de los encuestados dijeron que una persona puede ser judía, incluso si él o ella creen que Jesús es el Mesías. Esto es un cambio alentador en estos 40 años. Sin embargo, también indica que el 66% sigue creyendo en la mentira.

¿Por qué tenemos que llamarnos a nosotros mismos “Judíos”? Debido a que es, literalmente, parte de nuestro llamado para demostrar que se puede ser judíos y creer en Jesús. Si tienes la oportunidad de compartir a Jesús con un amigo y te dicen: “Eso es bueno para ti, pero yo soy judío y los judíos no creemos en Jesús”, espero que te sientas en la comodidad de señalar a los Judíos para Jesús como evidencia de lo contrario. ¿Por qué no nos dejas ayudarte a presentarles esas pruebas? Pídenos que nos pongamos en contacto con tus amigos judíos. Después de todo, nosotros existimos para hacer que el carácter de Mesías de Jesús sea un tema omnipresente para nuestro pueblo judío en todo el mundo. Nosotros y otros judíos creyentes en Jesús somos la prueba irrefutable de que los planes de Dios siguen vigentes para los judíos y para el mundo entero. Ahora, se trata de un alboroto digno de hacer ¿no crees?

Milder

Web Developer at Jews for Jesus HQ.

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